El primer cruceJuanma Moreno durante un mitin celebrado el pasado 10 de mayo en M�lagaActualizado S�bado,

mayo

02:01Audio generado con IANo es nuevo que el PSOE oscile entre dos marcos incompatibles: presentar a Vox como un riesgo existencial —deterioro de la sanidad p�blica, recentralizaci�n, regresi�n en igualdad— y negarse a facilitar cualquier f�rmula que impida su entrada en el gobierno. Si el PSOE andaluz ni siquiera contempla permitir un gobierno moderado del PP para evitar la presencia de Vox, muchos votantes concluir�n que el peligro no es tan extremo, o que la prioridad real no es impedirlo, sino utilizarlo pol�ticamente. Probablemente ambas cosas: el PSOE necesita a Vox para alimentar la polarizaci�n que mantiene movilizado a su electorado en las generales. Y las generales son, ya se sabe, lo �nico que preocupa a su secretario general.En Ferraz son conscientes de que el mismo electorado andaluz que concede al PSOE buenos resultados en las generales entrega mayor�as al PP en las auton�micas. Entre las andaluzas de 2022 y las generales de 2023, los socialistas recuperaron en Andaluc�a cerca de 600.000 votos. Y ese crecimiento no se produjo a costa del PP ni mediante la absorci�n del resto de la izquierda. Lo que hubo fue una fuerte reactivaci�n de votantes progresistas en un contexto de alta polarizaci�n nacional.Los electores distinguen claramente entre el gobierno de Espa�a y el de la Junta: votan en clave ideol�gica y de bloques en las generales, pero eval�an gesti�n, liderazgo y estabilidad en las auton�micas. Esa mutaci�n electoral la ha facilitado la aparici�n de Juanma Moreno, cuya personalidad pol�tica ahuyenta los terrores que el gobierno predica sobre la derecha espa�ola.El problema es que el PSOE ha interpretado esta nueva realidad en sentido inverso. La elecci�n de Mar�a Jes�s Montero evidencia la voluntad de Ferraz de nacionalizar las elecciones andaluzas y movilizar al electorado progresista recurriendo a las herramientas de polarizaci�n diaria. La campa�a socialista ha girado en torno a una �nica idea: votar al PP equivale a votar por el desmantelamiento de los servicios p�blicos. Cuando se cuenten los votos y el PP vuelva a imponerse, la conclusi�n m�s plausible no ser� que a los andaluces no les importa la sanidad p�blica, sino que niegan que votar al PP implique abogar por su desmantelamiento.Cuando un partido convierte las elecciones en un plebiscito existencial -o derecha o servicios p�blicos- corre el riesgo de que una derrota electoral no s�lo desacredite a sus candidatos, sino su inflamado diagn�stico. Tras el escrutinio, el PSOE quedar� ante una disyuntiva inc�moda: o exager� deliberadamente los efectos de una victoria del PP o asume impl�citamente que millones de votantes no comprenden las consecuencias de su voto.Mientras tanto, al PP andaluz le basta con presentarse como una fuerza de gesti�n moderada y pragm�tica. Y ah� reside la paradoja central de estas elecciones: cuanto m�s intenta el PSOE transformar Andaluc�a en un frente decisivo de la batalla nacional, m�s favorece que Moreno Bonilla aparezca como un refugio de moderaci�n frente al ruido emitido desde Madrid.Para el PSOE la derrota no ser� un simple tropiezo territorial. Supondr� la desautorizaci�n del marco moral construido desde Moncloa. Pero sabemos qui�n no saldr� en la foto al d�a siguiente: el presidente se implica en todas las campa�as, pero se borra de todas las derrotas.