El cierre de campaña que Vox ha diseñado para este viernes incluye la presencia en Sevilla de sus tres nuevos vicepresidentes autonómicos —Óscar Fernández en Extremadura, Alejandro Nolasco en Aragón y Carlos Pollán, previsiblemente, en Castilla y León— junto a Manuel Gavira, candidato andaluz, y Santiago Abascal. El objetivo pasa por reivindicar que los pactos suscritos en el resto de autonomías puedan aplicarse también a Andalucía, con la "prioridad nacional" como gran elemento discursivo. Pero Vox ha templado al máximo sus expectativas de cara a este 17 de mayo.

Juanma Moreno no tiene asegurada la mayoría absoluta este domingo. La prudencia ha sido la seña de identidad del PP, tanto dentro como fuera de Andalucía, y los trackings internos apuntan a un resultado ajustado que se resolverá en foto finish al final del escrutinio por la batalla de los restos en las ocho provincias. Incluso aumentar el porcentaje de voto respecto a 2022, señalan fuentes populares, no garantizaría traspasar la barrera de los 55 escaños, resultado que podría bailar incluso por el recuento posterior del voto exterior.

Una victoria contundente, pero insuficiente, de Juanma Moreno —que reniega de los pactos con la ultraderecha— daría automáticamente oxígeno a Vox, que seguiría jugando la baza de la utilidad para afrontar el último año de legislatura. Pero desde la formación de Abascal no emiten señal alguna de euforia, ni siquiera de optimismo. Las sensaciones en las filas del partido distan mucho del entusiasmo con el que afrontaron las tres últimas campañas electorales y que finalmente se les volvió en contra en el recuento de Castilla y León.