Pese al empeño del partido en negar su pérdida de empuje, ya detectada por las encuestas en España, los resultados de más de 6.000 entrevistas del CIS en Andalucía lo ratifican y lo muestran aún más grave
Las elecciones de marzo en Castilla y León dieron pie a una paradoja para Vox. Por un lado, el partido obtenía su mejor resultado histórico en cualquier convocatoria. Al mismo tiempo, defraudaba las expectativas generadas por sus logros en Extremadura en diciembre y Aragón en febrero.
as-de-vox-este-15-m.html" rel="" data-link-track-dtm="">¿Qué había pasado? ¿Era un buen resultado solo lastrado por no haber superado el listón del 20% ni haberle comido terreno al PP? ¿O era el síntoma de algún problema en Vox, incluso de una interrupción de su ascenso?
Aunque Vox se ha instalado en la negación de cualquier inquietud, combinando un optimismo absoluto con la acusación contra todo el que se sale de su guion de estar intoxicando para perjudicar al partido, lo cierto es que los datos demoscópicos empiezan a indicar con claridad que Vox se frena. Y que ese frenazo es especialmente agudo en Andalucía, donde el candidato del PP, Juan Manuel Moreno, que fue el primero en pactar con la ultraderecha para llegar al poder, se erige siete años después —según los datos de la macroencuesta con más de 6.000 entrevistas recién publicada por el CIS— en el único barón popular que contiene a Vox desde que se abrió el presente ciclo electoral.






