Tras un exigente ciclo electoral de cuatro autonómicas en apenas seis meses, el PP ha consolidado su posición hegemónica hundiendo al PSOE a sus peores resultados, pero sin lograr cortar la vinculación con Abascal. Andalucía era el examen definitivo y una oportunidad de oro para ratificar si la asociación entre PP y Vox era indisoluble o si existían fugas. La confianza de Génova en Juanma Moreno era total, pero la contención reinó tanto en la sede de Madrid como en la de la calle San Fernando de Sevilla hasta que finalizó el escrutinio. E hicieron bien en esperar. La victoria del Partido Popular ha sido rotunda, pero insuficiente. Juanma Moreno no logra escapar de la sombra que acompaña al resto de sus compañeros autonómicos y tendrá que negociar con Vox si quiere retener el sillón en San Telmo. Es una posibilidad que el dirigente repudia desde hace tiempo y que deja a los populares ante la disyuntiva de elegir entre agitar el fantasma de una repetición electoral o pactar con Abascal tras cuatro años de ejecutivo sin ataduras. Una vez cerraron las urnas, Moreno se inclinó por la segunda opción: "Nos corresponde como fuerza mayoritaria la responsabilidad de formar gobierno", avanzó. El PP se crece ante la profunda debacle del PSOE —al que aventaja en casi 19 puntos y 25 diputados— y también ante el hecho de que Vox apenas haya mejorado su resultado de 2022 pese a arrancar un escaño más. Los azules se han impuesto además en las ocho provincias andaluzas. No hay mayoría alternativa y la derecha confirma su hegemonía en el feudo histórico de la izquierda. "Sánchez se ha llevado un batacazo definitivo, su peor derrota", escenificó Miguel Tellado desde Génova. Pero el PP tampoco puede obviar la otra cara de la moneda. Porque Juanma Moreno se ha dejado cinco diputados, casi dos puntos porcentuales y se ha quedado a dos de la mayoría absoluta con la que soñaban en voz baja en el partido. Cierto es que esta vez el PP mantuvo a raya las expectativas y ni en la cúpula nacional ni en la territorial se mojaron en ningún momento respecto a las opciones de mantenerse por encima de los 55 diputados. Se esperaba una noche de infarto que se ha cumplido. Los escaños llegaban a cuentagotas a la bolsa de los conservadores y la esperanza se fue diluyendo conforme avanzaba el recuento. Finalmente, se estancaron en 53 de los 109 diputados representados en el Parlamento de Andalucía. El PP perdió un representante en Cádiz, Córdoba, Huelva, Málaga y Sevilla, una dura penitencia si se tiene en cuenta que el porcentaje final es del 41,52% y que incluso Moreno ha obtenido más papeletas —114.000— que hace cuatro años. "No hemos sacado matrícula de honor, pero sí hemos sacado un sobresaliente", admitía el líder andaluz en su valoración de los resultados. Esta aritmética anticipa un escenario de nuevo enrevesado por la evidente desconfianza entre los dos partidos de la derecha. Moreno deberá decidir hasta dónde enmienda sus palabras tras afirmar que un ejecutivo con Vox "es un gobierno imposible". Y Abascal también tendrá que medir la presión al PP, ya que en Castilla y León pudo comprobar cómo el bloqueo le pasa factura. El papel de Génova y de Feijóo también será relevante. Porque hay que recordar que la dirección nacional participó en todas las negociaciones de Guardiola, Azcón y Mañueco, y tendrá que decidir si interfiere o no en la autonomía del barón predilecto del líder del PP. Ninguna de las fuerzas implicadas desenredó la madeja durante la noche electoral. El candidato de Vox, Manuel Gavira, recibió con euforia, al grito de "¡prioridad nacional!" un resultado que les permite seguir siendo relevantes. Y Moreno también celebró, pero con mesura. "Confiamos en que escuche a más de medio millón de andaluces que creen en la prioridad nacional en el acceso a la vivienda pública, a las ayudas sociales o a las guarderías", reiteró Abascal, que aparcó, al menos momentáneamente, las tiranteces con el mandatario popular a la espera de que arranquen los primeros contactos. Campaña "sin estridencias" y tensión hasta el final Ni Moreno ni Feijóo abandonaron el eje de la centralidad a lo largo de toda la campaña. Estos comicios también servían para poner a prueba el éxito o el fracaso del acento templado en un clima de crispación permanente, un modelo propio representado en el PP por Juanma Moreno y que el gallego soñaba con extrapolar en la arena nacional. Pese a quedarse a las puertas de la gloria, el presidente de la Junta será recibido con todos los honores este lunes en Génova, donde se celebra la Junta Directiva Nacional con presencia de todos los barones territoriales. En el PP sacan pecho del trabajo realizado tras una campaña en la que tampoco han caído en los llamados "errores no forzados" de los que los de Feijóo suelen ser víctima en la recta final de las elecciones, tanto nacionales como territoriales. Todo el discurso del barón andaluz, reproducido al milímetro por el líder nacional, estuvo centrado en la gestión pese al tropiezo con la sanidad y la crisis de los cribados, un arma que el PSOE tampoco supo capitalizar para salvarse de la catástrofe. Génova reivindicó como propio el acento templado de Moreno. No es un secreto la sintonía política y personal que Feijóo comparte con el andaluz y lo cómodo que se encuentra en ese discurso. De hecho, la dirección nacional escondió a sus perfiles más combativos —Miguel Tellado, por ejemplo, no ha tenido protagonismo alguno—. No se contó con presidentes autonómicos ni con vicesecretarios nacionales —con la única excepción de los exconsejeros andaluces y de Borja Sémper, que fue 'rescatado' en el sprint final—. La incógnita ahora es si el hecho de no haber conseguido traspasar la línea de la absoluta conducirá a un cambio estratégico en Madrid. Feijóo sí se volcó, pero con una campaña completamente diferenciada de la de Moreno. Como sucedió en 2022, no estuvieron juntos en el cierre. Gestaron una estrategia "sin estridencias" y sin polémicas, pero en la que ninguno llegó a poner nunca la mano en el fuego respecto a la mayoría absoluta para no pecar de triunfalismo. "A veces es mejor ir a ciegas, porque los sondeos pueden marcar seguir por un camino que puede ser equivocado", apuntaban en el entorno de Feijóo. Esas suspicacias duraron toda la jornada del domingo. "Va a haber escaños bailando hasta el final", vaticinaban en Génova. En Sevilla la sensación era la misma. "Optimismo", pero nervios hasta que finalizó el escrutinio y desilusión cuando se conoció el resultado definitivo. La parte que sí daban por hecha y en la que no se equivocaron era que María Jesús Montero conduciría al PSOE a la cuarta derrota consecutiva del ciclo electoral, sin posibilidades de levantar cabeza y con la presión añadida de haber firmado el peor resultado de los socialistas en su bastión por excelencia. En el PP no había inquietud por Vox, pero sí se miraba con recelo el factor sorpresa de Adelante Andalucía. Su subida podía poner en apuros al PP a la hora de conseguir gobernar con manos libres, y la formación liderada por José Ignacio García no defraudó. Y los populares tenían claro desde el principio que la lectura de este domingo se reduciría exclusivamente a si "mayoría absoluta sí o mayoría absoluta no" en parte por sus grandes implicaciones nacionales. Esa fina línea medía no solo el futuro de Andalucía, sino que también pone las bases de las condiciones en las que Feijóo llegará a las próximas generales. No parece que haya futuro posible en reeditar ejecutivos en solitario, pero en Génova se aferran al revulsivo que implica para sus intereses la incapacidad de remontada ni del PSOE ni de la izquierda. Superado el decisivo test andaluz y a la espera de los posibles pactos postelectorales, el líder del PP se prepara para la batalla final. Como mucho, queda un año para despejar todas las incógnitas. Y tras poner paños calientes al amargo éxito de Juanma Moreno —"no es un triunfo completo pero sí incontestable"—, Miguel Tellado allanó el terreno al hurgar en la herida del PSOE, poniendo punto y final a la contención de las últimas semanas: "A los candidatos socialistas les espera el mismo matadero electoral que a María Jesús Montero", lanzó.
El PP vence con rotundidad pero se queda a las puertas de la gloria y necesitará a Vox
Juanma Moreno fortifica su hegemonía en Andalucía y firma un éxito con sabor amargo: gana en las ocho provincias y saca casi 19 puntos al PSOE, pero se deja cinco escaños y no tendrá manos libres en la Junta










