Meta HumanosPodemos elegir al doctor que nos diga lo que queremos escuchar. O podemos elegir al que nos diga lo que necesitamos escuchar.
Imagine que llega a la sala de emergencias. Le dicen que espere. ¿Cuánto tiempo? Pregunta. “Sea paciente”, le responden. Intenta pedir ayuda. Escribe en redes que es inaudito el tiempo de espera. Sin embargo, el curso de acción parece, y es, inevitable. Esperar.
Finalmente, llega su momento. Pero antes de pasar a sala, le preguntan: “¿Qué prefiere, un doctor sincero o un doctor amable?” “¿Acaso no se puede ambos?”. “No”, le dicen, de la forma más fría y directa posible. “¿Me puede hacer saber por qué la pregunta?”. El médico respira. Le explica que usted tiene gangrena. Que mientras esperaba, el tejido siguió muriendo. Que la situación es crítica, y que tanto el doctor sincero como el doctor amable van a admitirle esto. Lo que los diferencia no es el diagnóstico. Lo que los diferencia es lo que viene después.
El doctor amable le va a hablar del futuro. Le va a describir con detalle las posibilidades, la vida que le espera. Le va a decir lo que usted quiere escuchar. Pero hay algo que ese doctor no puede garantizarle: que ese futuro exista.
El doctor sincero también le va a hablar del futuro. Pero primero le va a decir cuán enfermo está. Le va a proponer decisiones que van a parecer radicales. Decisiones que van a incomodar. Pero son exactamente esas decisiones las que, tomadas hoy, le van a incrementar significativamente las posibilidades de tener un mañana.










