Los paraísos fiscales son tan antiguos como las civilizaciones. Pero fue a mediados del siglo pasado cuando despegaron de la mano de fenómenos como la descolonización, que creó territorios ajenos a las antiguas metrópolis, la globalización o los avances tecnológicos, que han favorecido las transacciones internacionales realizadas al margen de los sistemas fiscales tradicionales. También surgieron por razones políticas. Este es el caso de Suiza, que hace casi un siglo, para financiar su neutralidad, inventó el secreto bancario. El resultado es una enorme montaña de recursos que representa la parte más agresiva del capitalismo financiero, pero es China, un país formalmente socialista, la que los ha convertido en una parte esencial en su estrategia inversora mundial. Un dato revelado por NBER (la Oficina Nacional de Análisis Económico de EEUU, por sus siglas en inglés) indica que nada menos que el 37,7% de lo que invierte Pekín en el exterior lo hace a través de algún intermediario radicado en un sistema de baja o nula tributación. O, en palabras de los analistas de NBER, esas operaciones "involucran al menos a un intermediario en un paraíso fiscal". Como consecuencia de ello, asegura el informe, el primero que se hace de forma sistemática, las estadísticas estándar de inversión extranjera directa (IED) no pueden detectar las operaciones. Es decir, lo que se conoce hasta ahora no refleja la verdadera dimensión de la inversión extranjera directa de Pekín en el exterior, que es sustancialmente mayor y más concentrada estratégicamente de lo que indican las estadísticas oficiales. No es una cantidad pequeña teniendo en cuenta que China, incluyendo territorios como Hong Kong y Macao, es ya el segundo mayor inversor del mundo, con alrededor de 3,3 billones de dólares (aproximadamente el doble que el PIB de España). Solo EEUU supera esa cantidad. Esto representa el 3% de los activos corporativos globales gracias a que las inversiones de las empresas chinas se expanden a un ritmo anual promedio del 20%. Información opaca La preferencia de Pekín por los paraísos fiscales, donde la información es opaca y el rastreo es difícil, se manifiesta en el hecho de que las empresas chinas poseen participaciones que representan el 58% del total de activos corporativos en las Islas Caimán, el 40,6% en Bermudas y el 15% en las Islas Vírgenes Británicas. Estas cifras, sostiene el trabajo, subrayan "el papel central de los centros financieros extraterritoriales en la red global de propiedad de China". También se observan participaciones significativas en Portugal (14%) y Singapur (10%), que sirven como puertas de entrada a la Unión Europea y a importantes centros financieros asiáticos. Si el análisis se hace por el montante de la inversión, resulta que la mayor concentración de inversión extranjera china se registra en las Islas Caimán, donde sus corporaciones han invertido 424.000 millones de dólares entre 2012 y 2021, seguidas por el Reino Unido con 380.000 millones de dólares. Otras economías como Australia, Singapur y Bermudas también ocupan puestos destacados. Estos volúmenes, asegura el estudio, "reflejan tanto el uso extensivo que hace China de centros financieros extraterritoriales como su énfasis en invertir en mercados desarrollados". ¿Y en qué sectores invierte China? La expansión se concentra en sectores estratégicos y de alta intensidad de conocimiento, sostiene el estudio de la principal institución de análisis económico de EEUU. Pekín invierte, en particular, en manufacturas (393.000 millones de dólares) y actividades científicas profesionales (260.000 millones). Casi el 80% de esas inversiones tienen como destino Europa y América del Norte. El estudio ha observado que, en particular, las empresas estatales se centran en compañías con alta intensidad en I+D. Tras la adquisición, incrementan su capital en un 7,3% de promedio y sus gastos en I+D en un 6,6%. Sin embargo, este aumento de los insumos no se traduce en una mayor producción de patentes para la empresa objetivo y se acompaña de una disminución del 1,1% en la rentabilidad de los activos (ROA). "Esta discrepancia sugiere importantes ineficiencias operativas o, alternativamente, una priorización estratégica del acceso a la tecnología sobre la rentabilidad de la empresa", sugiere el estudio. Es decir, se prioriza la internalización tecnológica a largo plazo sobre los beneficios a corto plazo a nivel de empresa, la mayoría de las veces subvencionadas por el Gobierno chino para hacerlas más competitivas. Efectos indirectos Ahora bien, los analistas de NBER han encontrado evidencias de que los efectos indirectos de la innovación se concentran en las matrices, más que en las filiales, que son las que aumentan el volumen de patentes en los países avanzados donde se ha hecho la inversión. La estrategia de China en el exterior se lanzó en 2015 con el objetivo de invertir en diez sectores estratégicos de alta tecnología para mejorar las capacidades industriales nacionales. La inversión china se concentra en Europa y Norteamérica, mientras que Asia representa apenas el 15% del total de activos chinos, lo que sugiere que existe un enfoque estratégico en favor de las economías avanzadas. Por el contrario, la participación de China en la inversión en África, Oceanía y Sudamérica ha disminuido desde un máximo del 17,1% hasta menos del 6%. La principal fuente informativa es Moody's Orbis, una base de datos que proporciona información sobre más de 400 millones de empresas públicas y privadas en 212 economías. El periodo de investigación se sitúa en una horquilla que va de 2012 a 2021, una década caracterizada por un crecimiento espectacular de la presencia corporativa global de China al calor de la globalización. El panel elegido comprende 161.773 empresas radicadas en 159 países, lo que representa más del 80% de los activos corporativos globales de las empresas no financieras. A partir de esta información, se constata que los activos totales en manos de accionistas chinos pasaron de 551.000 millones de dólares en 2012 a 2,5 billones de dólares en 2021, lo que implica una tasa de crecimiento anual promedio de aproximadamente el 20%. Sin embargo, si se incluyen Hong Kong y Macao, las participaciones en el extranjero de lo que se denomina Gran China aumentaron de 939.000 millones de dólares en 2012 a 4,27 billones de dólares en 2021. Esas cifras, en todo caso, son inferiores a la inversión extranjera de EEUU en el mismo periodo, que ha pasado de 10 billones de dólares a 18,2 billones. La inversión exterior de China suele relacionarse con la explotación de recursos naturales para satisfacer la alta demanda de las empresas manufactureras, pero el estudio observa un crecimiento sustancial en sectores intensivos en tecnología y capital. En particular, los activos en información y comunicación. Lo que sorprende a los analistas de NBER es el fuerte incremento de la inversión en activos inmobiliarios bajo control chino, que crecen, aseguran, "a un ritmo excepcional". La conclusión que sacan los autores del estudio es que sus hallazgos tienen implicaciones significativas "para el debate actual sobre la influencia geoeconómica y el futuro del equilibrio global de la innovación". De hecho, han encontrado evidencias de que cuando el capital estatal cruza fronteras internacionales, no solo busca acceso al mercado nacional. Por el contrario, actúa lo que denominan "mano visible" del capitalismo estatal, toda vez que introduce un mecanismo novedoso "mediante el cual los objetivos estratégicos nacionales ejercen efectos extraterritoriales, lo que podría generar un freno a la productividad a largo plazo en las economías receptoras, al tiempo que consolida las capacidades tecnológicas en el país de origen". O expresado de otra forma, China se beneficia más que los países receptores de la inversión, ya que determina los patrones de crecimiento al influir en la política industrial.