Durante los últimos años, buena parte de los países con economías desarrolladas apostaron por rebajar paulatinamente el impuesto de sociedades como fórmula para atraer inversión y fomentar la competitividad de las empresas en un entorno cada vez más global. Sin embargo, esa tendencia, que cobró fuerza durante la crisis económica provocada por la pandemia, parece estar desinflándose y llegando a su fin. Al menos así lo cree la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que corrobora que el año 2024 fue el segundo ejercicio consecutivo en el que los países que subieron este impuesto superaron a los que lo bajaron. El objetivo de este giro, según explica el organismo en el último Informe anual sobre reformas fiscales, publicado este jueves, era claro: contribuir a reforzar la recaudación.

En 2024, señala la OCDE, “fueron más los países que incrementaron las tasas del impuesto de sociedades que los que las redujeron, y los aumentos tendieron a ser de mayor magnitud que las disminuciones”. Varias jurisdicciones también introdujeron impuestos adicionales sobre la renta de las sociedades para capturar los beneficios extraordinarios, con el fin de engrosar los ingresos para el presupuesto general ante el aumento del gasto público. Estos movimientos, explica el club de los países ricos, “sugieren que la tendencia a la baja de las tasas del impuesto de sociedades se ha detenido o muestra indicios de revertirse”.