El 41,4% del coste laboral de un asalariado se destinó a impuestos y cotizaciones sociales durante 2025, según el organismo

La presión fiscal sobre los trabajadores volvió a incrementarse en la mayoría de las economías avanzadas del globo durante el año pasado. Lo hizo, en gran medida, de forma automática y silenciosa, al calor del aumento de los precios. Así lo constata la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en su informe Taxing Wages 2025, publicado este miércoles. España, según el organismo, no escapó de la tendencia y el impuesto sobre la renta de las personas físicas (IRPF) se encareció automáticamente debido a que el sistema tributario no se ajustó al ritmo de la inflación.

Este fenómeno, conocido técnicamente como progresividad en frío, aparece cuando los salarios nominales suben para intentar compensar o aliviar el encarecimiento de la vida. En esos casos, cuando los tramos del impuesto y las deducciones se mantienen inalterados, el trabajador termina saltando a un escalón impositivo superior o pagando un porcentaje mayor de su sueldo sin que su poder adquisitivo real mejore en la misma proporción.

La OCDE ofrece datos para ilustrar el cambio. En 2025, el salario bruto medio en España se situó en los 32.678 euros, lo que representa un incremento del 3,8% respecto al año anterior. A simple vista, un trabajador medio ganó la batalla a los precios, ya que la inflación fue del 2,6%, permitiéndole una mejora del poder de compra bruto de 1,2 puntos. Sin embargo, el tipo impositivo medio personal que soporta el contribuyente aumentó un 1,5%, absorbiendo de esa manera la ganancia.