Hace unos meses, indagando sobre las causas de Ábalos, Koldo, Cerdán, Díez o Aldama, uno de los abogados de las defensas me dijo convencido que esto sólo era el principio de lo que se estaba armando en torno a Pedro Sánchez. Los casos de los secretarios de Organización del PSOE, el asesor de Ábalos, la exmilitante del PSOE o el conseguidor amigo de Dani Desokupa Esteve e Iker Jiménez, solo eran las piezas de un rompecabezas que tenía a Zapatero como objetivo principal de la Justicia, a través de un dinero de ida y vuelta a Venezuela y con una presunta financiación ilegal del PSOE de Sánchez al fondo.PublicidadEl abogado no me dio ninguna prueba al respecto más allá de indicarme las advertencias, o así, que iban adelantando sin material concluyente varios medios, pseudomedios, el PP, Vox o el satélite de la ultraderecha Manos Limpias, mediante una denuncia contra Zapatero redactada con las mismas notas del entramado mediático, incluida una entrevista de Aldama en el programa Horizonte de Jiménez. Fue esta querella del pseudosindicato la que dio luz verde a la investigación al expresidente del Gobierno.Que Zapatero estaba en el punto de mira judicial, por tanto, era un hecho conocido y difuso hasta este martes 19 de mayo; que para la ultraderecha de Vox y PP, el expresidente era la bestia negra y le buscarían mierda hasta en los calcetines estaba confirmado, pero que algún juez disparara de forma tan contundente como lo ha hecho este martes José Luis Calama desde la Audiencia Nacional, con imputaciones tan graves y conclusiones tan demoledoras en un primer auto; con registros tan aparatosos por parte de la UDEF de la Policía Nacional, incluso en la empresa de sus hijas… era difícil de prever hasta para algunos diputados del PP que mantienen perfil bajo en la era Feijóo, disconformes con la línea seguidista de Vox que ha asumido el gallego y que creen que ha perjudicado a Juanma Moreno Bonilla en las elecciones del pasado domingo, por ejemplo.Todo en el que ya es el caso Zapatero está por demostrar, ya que en el auto de Calama, conocido íntegro a media tarde del martes 19 y tras publicarse un resumen previamente, no hay prueba o indicio alguno que impliquen al expresidente. Hay escuetas conversaciones de terceros relacionados directa o indirectamente con Plus Ultra que mencionan a Zapatero y hay, desde luego, un inquietante papel de quien el propio expresidente admitió que le había pagado por informes y asesoría, Julio Martínez Martínez, un sujeto muy activo que habría ejercido de intermediario entre Zapatero y los directivos de Plus Ultra, según el juez, para influir en el cuestionado rescate del Gobierno de Sánchez a la aerolínea (53 millones de préstamo) y cobrar las correspondientes mordidas que habrían sido blanqueadas con pagos ficticios por labores de asesoría de Zapatero y a través de una sociedad off shore creada en Dubai por orden del expresidente.En su auto de 88 páginas y a través de una reconstrucción hecha con conversaciones entre los venezolanos de Plus Ultra y otros empresarios -nunca de Zapatero, sus hijas o sus colaboradores directos, incluida su secretaria de toda la vida-, cobros de los trabajos que admitió Zapatero durante una comparecencia en el Senado o un contrato o similar para garantizar que Julio Martínez cobraría una comision del 1% del rescate de Plus Ultra (530.000 euros), Calama infiere la existencia de un entramado criminal que lideraría el expresidente (“núcleo decisor”), eso sí, intentando evitar que se supiera que el líder era él. Un auto primero del juez cargado de acusaciones gravísimas cuyos indicios están por conocer y que han provocado un terremoto en la política nacional, la desolación y hasta el miedo de una izquierda en depresión -y no solo del PSOE- y un orgasmo tántrico muy esperado en el PP y en Vox. PublicidadEl auto es dinamita para la izquierda, pues Zapatero se había consolidado como una especie de líder moral e indiscutido de todos los partidos de este espectro. Sobre todo, a partir de 2023, cuando Sánchez adelantó las elecciones generales y el expresidente salió a escena libre de complejos y reivindicando tanto los logros sociales del PSOE y sus socios -hasta entonces, Unidas Podemos-, como las mentiras de un PP sin límites en la oposición o como su gestión para el final de ETA. Aquello dolió mucho en la (ultra)derecha de PP y Vox y convirtió al expresidente en pieza de caza mayor tanto para ambos partidos como para su órbita mediática, pseudomedios incluidos. La consigna de José María Aznar (“El que pueda hacer que haga”), los detalles de la operación Kitchen de las cloacas de Interior, a cada cual más grave y golpista, los casos de lawfare contra quien fue Fiscal General del Estado con la complicidad del Gobierno madrileño; la campaña judicial, parapolicial y mediática contra dirigentes de Podemos y los independentistas catalanes, éstos cuyos líderes acabaron condenados por el Tribunal Supremo; las manifestaciones inéditas de jueces contra una ley de amnistía que no estaba ni redactada, los pronunciamientos políticos de magistrados contra miembros del Gobierno o sus medidas, el caso pestilente contra Mónica Oltra, la tibieza del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) ante comportamientos inaceptables de algunos jueces o el acoso también judicial contra periodistas progresistas, todo esto documentado y ejecutado sin pudor, ha convertido a Zapatero en un mártir para la izquierda y en un súpervillano criminal para la (ultra)derecha. La sentencia de un proceso que está en pañales ya ha sido escrita y firmada, lo que dice muy poco de nuestro agresivo ecosistema político y buena parte del mediático. Lo importante para Feijóo y Abascal, sin embargo, es la soledad de Sánchez y eso está hecho: solo queda él.