Pregunta: ¿qué fue a hacer Santiago Caputo y algún colaborador de su equipo esta semana a los Estados Unidos, a una reunión en la Casa Blanca, entre otras? Una misión en la que mostró rostro y corbata contra sus costumbres, de la cual hubo información pintoresca, poco asertiva y con las características misteriosas del mago del Kremlin. Sobre todo para alguien que carece de firma, de representación jerárquica y compromiso gubernamental. ¿Invitado o enviado? Tal vez la oposición se interrogue al respecto. Justificaciones: varias, ninguna firme, rebote especulativo en los medios copiándose unos a otros. Hasta se llegó a sostener que viajaba para asesorar, en la Casa Blanca, sobre cómo Trump debía encarar los comicios de noviembre con el electorado latino, aportando su expertise por haber llevado a Javier Milei a la Presidencia. Graciosos los muchachos. Demasiado cándidos para sugerir que el círculo áulico del presidente de USA convocara a un amigo de la derecha argentina para intentar corregir el resultado de las encuestas en su país. Pero Santiago salió de la nevera justo cuando había bajado de peso y titubeaba como influyente por la designación de Sebastián Pareja al frente de la Comisión de Inteligencia de Diputados, hombre de su malquerida Karina dispuesto a revisar –con otros legisladores del grupo oficialista– la contabilidad secreta del titular de la SIDE, Cristian Auguadra, escribano de la familia Caputo que llegó al cargo porque otro elegido faltó a la cita. Parece una desmesura de Caputo inquietarse por el ascenso de Pareja: es histórico que esa comisión legislativa se ha especializado en vendarse los ojos, nunca encontró errores o anomalías en la administración de Inteligencia, a pesar del brutal presupuesto y las más brutales acciones cometidas, de las cuales no quedan registros después de un par de años. Lo del bonaerense Pareja igual fue un misilazo para el Caputo joven, ávido por escriturar mayor territorialidad en el Gobierno y temeroso de que le discutan contabilidades: un pulpo en materia de cajas. Además, le cuesta un dolor testicular grado ocho perder un round con la hermana presidencial, quien también vive enceguecida por la seducción que ejerce el asesor sobre su pariente Javier. Compartida singularidad: ella no entiende la mimesis intelectual entre los dos hombres, y Santiago no comprende la contención sentimental con la que ella nutre al mandatario. Ambos disidentes pierden en la porfía: el asesor rechaza esa filiación parental de Karina –hasta ahora más efectiva que la de él en materia de votos– y ella no acepta la adopción de un hermano postizo en el secretismo de Olivos. La imposición de un “hermano americano” en la familia.