Sus amigos lo tienen claro. Para conservar la relación con Javier Milei hay una condición indispensable: no contradecirlo nunca. Él pide lealtad, aunque lo que exige en realidad es obsecuencia. En el camino quedaron ya varios que le plantearon desacuerdos, muchas veces mínimos, y fueron a parar a la hoguera. Para el Presidente no hay grises: o están con él, o son traidores. En el medio, nada.

Con el objetivo de mantener la relación, muchos amigos le encontraron una hendija al problema. Hablan de cualquier cosa que no sea política, el terreno donde Milei se enciende. Lo saben quienes lo visitan en los cada vez menos frecuentes domingos de ópera. Lo confesó también Alejandro Fantino, quien suele chatear con el mandatario: “Con Milei hablo de filosofía. El domingo hablamos 25 minutos de la moral de los Griegos”, contó el periodista. Y agregó: “Eso es lo que mantiene la sanidad de mi relación con él, que no hablamos de política. Ahora le pido consejos porque quiero leer más de economía”.

Al descubrimiento de Fantino había llegado antes otro de los amigos presidenciales, el economista Juan Carlos De Pablo. A pesar de ser uno de los que más lo visita en la Quinta de Olivos nunca le preguntó por ninguna medida que fuera a tomar. En una entrevista con Joaquín Morales Solá, contó el porqué de eso que él considera una “normativa elemental”. Lo enunció casi como quien revela una picardía, algo sin importancia: “Es que Milei es muy paranoico. El hombre es así”, dijo encogiéndose de hombros.