No hay rastros de paz en el Gobierno. Mejor dicho: es Javier Milei el que no tiene paz, y esa sensación de agobio, de malestar permanente, de ansiedad y conflicto se expande a toda su administración. Quizá haya que acostumbrarse, o no, a que no existan tiempos de sosiego en lo que queda de su mandato. Aun cuando el Presidente cumpliera su principal promesa de campaña, que es llevar la inflación a cero -lo que representaría un logro grandísimo que lo dejaría en la historia tras una herencia del 211%-, Milei parece predispuesto a gobernar bajo esa pulsión tanática y a cruzar más límites con empresarios, periodistas, dirigentes políticos y hasta con personajes anónimos que lo provocan en las redes. El Gobierno vive a los saltos y una pregunta se vuelve abrumadora: ¿qué le pasa al jefe de Estado?Son cada vez más los funcionarios y legisladores propios que advierten que no se le pueden hacer planteos que vayan más allá de su lógica. Ni siquiera un simple comentario que contradiga sus ideas o iniciativas. El caso Adorni vino a desnudar completamente esa situación. Hay ministros que dicen por lo bajo que resulta inadmisible seguir sosteniendo al jefe de Gabinete, pero no se animan a decírselo a Milei en la cara. Son mayoría y lo sufren: van a los cafés, al gimnasio o a una reunión familiar y gente que no conocen se les acerca para preguntarle por el supuesto enriquecimiento ilícito del jefe de Gabinete.Se ha dado la rareza de que los integrantes de la mesa política se reúnan y el tema se ignore, pese a estar al tope de las conversaciones en redes y portales. Dice uno de los integrantes de esa mesa: “Más que fingir demencia, ya parecemos todos boludos”. La mayoría, cuando habla Milei, hace silencio. Pero callar no es asentir.El líder libertario ha agredido en sus presentaciones, a lo largo de estos dos años y medio, a la mayoría de los miembros del Círculo Rojo, desde empresarios poderosísimos hasta cronistas de TV, pasando por economistas y encuestadores. Hace un año citó un tuit que asociaba a un chico autista con el kirchnerismo, que le costó una demanda y, en los últimos tiempos, difundió imágenes hechas con inteligencia artificial de periodistas encarcelados. El jueves subió un peldaño más: acusó a la periodista Débora Plager de ser cómplice de un genocidio. Simplemente porque Plager expresó que está a favor de la despenalización del aborto.Esta semana, la Casa Rosada tuvo dos noticias muy favorables. Una de alto impacto y otra que esperaba hacía diez meses. La primera: la petrolera YPF anunció que invertirá 25 mil millones de dólares en Vaca Muerta para los próximos 15 años, lo que podría derivar en una producción de 240.000 barriles diarios de petróleo a partir de 2032 que se destinarán 100% a exportación. La segunda: la inflación de abril cedió al 2,6% y los analistas suponen que entró en un tobogán que podría volver a alentar las expectativas oficiales de que la suba de precios mermará mes a mes hasta ser eliminada.Pero los escándalos y las reacciones presidenciales se devoran las noticias positivas, que, por supuesto, tampoco abundan. Patricia Bullrich y Guillermo Francos blanquearon, con palabras prudentes pero firmes, el inestable estado anímico con el que vive y gobierna Milei, algo que no sorprende si se siguen las crónicas periodísticas, aunque sí es extraño que ahora refieran a ello personas que lo conocen en situaciones de intimidad y de trabajo y que antes no se atrevían a hacerlo. Quizá sea un llamado de atención destinado a crecer.El conjunto de rasgos emocionales y de comportamientos innatos del primer mandatario han sido siempre materia de debate dentro y fuera de su administración. Aun así, se nota un ligero cambio: antes se irritaba cada tanto, frente a determinados estímulos. Hoy parece convivir en estado de agitación constante. Crea enemigos por todos lados, los ataca y no los suelta. Incluso, le cuesta perdonar: hay personas que le han escrito para pedirle disculpas por algún error puntual y Milei, lejos de ser condescendiente, ha respondido con encendidos insultos.Se lo ve obsesivamente pendiente de qué se publica en las redes sociales, en especial en X. Pasa horas scrolleando publicaciones desde su celular. Puede detenerse para contestarle a usuarios anónimos con menos de cincuenta seguidores. Los agrede y después los bloquea. A veces, antes de hacerlo, pregunta quiénes son o a quiénes responden: el universo virtual también es fuente de paranoias.El monitoreo de programas de TV y de streaming es otra de sus tareas. Sabe a la perfección quiénes integran cada ciclo, qué se dice y, si lo considera necesario, llama a políticos de La Libertad Avanza aludidos por los periodistas para que salgan a desmentir versiones. Alguno ha confesado que se vio en la obligación de desacreditar informaciones fidedignas por miedo a represalias. Luego, las patrullas digitales que forman parte del aparato estatal hacen el resto: atacan a tal o cual periodista que, según Milei, trabaja para desgastarlo, miente o, directamente, recibe coimas para hacer operaciones en su contra.Eso lo ha llevado a decir, tras una suba constante del porcentaje, que el 95 por ciento de los periodistas son delincuentes. Sobre este punto hay una novedad de las últimas semanas: tras la proliferación de detalles del caso Adorni, esa lista habría incorporado nuevos protagonistas, a los que antes consideraba parte de la batalla cultural y hoy tiene en la mira. No falta mucho para que anuncie que los delincuentes mediáticos trepan en la actualidad al 97 %.“El estrés del poder lo ha vuelto todo más difícil. Yo prefiero escribirle cada tanto y no le pregunto nunca por la gestión”, dice uno de sus viejos amigos que hoy se encuentra algo alejado del círculo presidencial. ¿De qué le habla? De libros de economía, de ópera o de los rumores de una gira por Europa de The Rolling Stones.Es posible que las declaraciones de Francos (“a Javier se lo ve con furia”) le cueste no ser tenido en cuenta para cargos relevantes, como se evaluaba hasta no hace tanto. Francos ya tomaba distancia de los modos de Milei cuando era jefe de Gabinete. A Karina, la dueña de la guillotina según su hermano, nunca le resultó simpático ese accionar del funcionario. El día que lo echaron, el líder libertario, que se jactaba siempre de ser su amigo, no le dedicó ni un tuit.Con Bullrich es distinto. Karina la maldice, aunque el Gobierno no puede darse el lujo de generar más problemas internos. La senadora se plantó y emplazó a Adorni a presentar su declaración jurada cuanto antes. Primero lo hizo en privado, luego en público y, después, otra vez en privado, en la última la reunión de Gabinete. Allí, delante del propio Adorni, insistió en que se trata de una tarea sencilla cuando se tienen los papeles en regla. Milei había declarado en televisión que lo de Adorni era inminente, que tenía todos los números en orden. Ya pasaron once días. Nada, por ahora ni noticias de la presentación.Ningún contador podría tardar tanto, dicen los especialistas en este tipo de trámites. Acaso, como deslizan en el entorno de Adorni, sea una cuestión de especulación de los abogados, que temen que sigan apareciendo cosas. En el staff de asesores del jefe de ministros aseguran que la causa por enriquecimiento ilícito no tiene ninguna posibilidad de prosperar. En la Justicia no piensan lo mismo, mientras suman testimonios que complican a Adorni. Ahora también investigan a su esposa, Bettina Angelletti, y a su hermano, Francisco Adorni.Bullrich vino a exponer una situación que atraviesa a toda la Casa Rosada. Con Adorni bajo fuego judicial y mediático no es posible una conducción sana del Gabinete. “Manuel está en otra, se lo nota extraviado”, afirman sus colaboradores. El jueves, en Mendoza, donde estuvo para inaugurar el parque solar El Quemado, se excusó de iniciar el discurso porque se había olvidado el apuntador.La oposición, con sus contradicciones, problemas de construcción y un pasado difícil de explicar a cuestas, se deleita ante la aparición de cada detalle nuevo de la investigación contra Adorni. Ninguna encuesta muestra que el peronismo esté en crecimiento, pero por ahora le basta que el oficialismo caiga. La diferencia, en suma, se acortó. Se ilusionan con que Adorni se mantenga en su puesto, si fuera posible, hasta el inicio de la campaña. El Gobierno ansía el inicio del Mundial y le reza a Messi para que la estadía de la Selección dure hasta el día de la final.En los laboratorios de campaña del peronismo aumenta la danza de nombres de outsiders que podrían desembocar en la arena electoral. Esa danza incluye desde un banquero como Jorge Brito hasta un pastor como Dante Gebel. Alguien, incluso, hasta se animó a tirar el nombre de Juan Román Riquelme como postulante a la gobernación. Axel Kicillof se mantiene cauto: les dijo a sus asesores que digan que él, todavía, no es candidato.Otro que salió a la cancha fue Mauricio Macri. El jefe del PRO se muestra ambivalente y reacio a conversar con los libertarios. Dice que él también busca un outsider para 2027, pero que no lo encuentra. Sus colaboradores han comenzado a alentarlo para que se presente de nuevo. “Me quieren mandar otros cuatro años al infierno”, les dijo Macri al regresar de cuatro días de amor en París. No fue un sí, pero tampoco un no.
Javier Milei, bajo la lupa de todos: ¿qué le pasa al Presidente? ¿por qué está tan irascible?
Algunos ministros prefieren no contradecirlo ni hablarle del caso Adorni. Pasan de largo hasta las buenas noticias. Más problemas para el jefe de Gabinete. La oposición y la danza de outsiders.













