Esto ya aburre. Y, lo que es peor, nos complica”. Tales fueron las palabras de un conspicuo funcionario de este gobierno que, en estricto off the record, se quejaba amargamente de los avatares que hoy complican la gestión. En el centro de la escena el Adornigate que, a estas alturas, tiene otra dimensión que va más allá y más arriba del maltrecho jefe de Gabinete. Por si hace falta ser más claro, “más allá y más arriba”, significa concretamente Javier Milei. He aquí el verdadero problema. Manuel Adorni es un fusible; Milei, no. Las caras del gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo, y del presidente de YPF, Horacio Marín, durante el acto que debieron compartir con Adorni, lo decían todo. La incomodidad era indisimulable. Seguramente harto de estas sobreactuaciones y para evitar quedar expuesto a la misma incomodidad, Luis Caputo –cuya presencia había sido anunciada– decidió ausentarse. El ministro de Economía no la está pasando nada bien. Debe salir a respaldar en público al jefe de Gabinete a quien, en privado, critica. Critica también otras cosas dentro de la administración. Una de ellas es el impacto que todos estos avatares políticos tienen en el rumbo de la economía.
Esto no les gusta a los autoritarios













