Muchos suponen que la caída en la popularidad del presidente Milei es producto del caso Adorni. Algunos creen que si el jefe de Gabinete renunciara o fuera removido, Milei recuperaría puntos rápidamente. Hay razones para dudarlo. Miremos la secuencia: la población viene quejándose de que el dinero no le alcanza, el Presidente cae en popularidad, aparece el caso Adorni y la popularidad continúa cayendo. Economía y corrupción no son fenómenos independientes sino que se condicionan mutuamente. Hay varios estudios internacionales que demuestran esa hipótesis. Uno de ellos fue realizado en 2015 por Carlin, Love y Martínez-Gallardo, publicado en Political Behavior y analizó 84 administraciones presidenciales en 18 países latinoamericanos, incluyendo la Argentina. Su hallazgo central fue que si la economía va bien, el público tiende a “perdonar” o ignorar los escándalos; si va mal, los mismos escándalos se vuelven políticamente letales. Vayamos ahora a nuestra historia política. Carlos Menem durante años mantuvo un gran aprecio social de la mano de la convertibilidad, mientras en paralelo emergían denuncias de corrupción de todo tipo. A medida que el plan económico perdía adhesión, crecía la percepción de corrupción. Sin embargo, la corrupción nunca fue el problema que la opinión pública consideró más importante, aun cuando el Gobierno era ampliamente percibido como corrupto.
Adorni, la cara de un problema que empezó antes
El caso de Milei tiene una lógica similar: corrupción y economía cotidiana se juntan.








