El private equity tiene fama de convertir en oro todo lo que toca con su fórmula de cuatro fases: comprar, endeudar, crecer y vender. Una de las últimas operaciones más rentables del capital riesgo en España fue la de la gestora estadounidense Platinum, que vendió Urbaser el pasado febrero y dobló su inversión. Pero también se han producido casos de importantes reestructuraciones que han terminado con las llaves de las compañías en poder de los acreedores. Los últimos son los de Pronovias, Goiko y Amara NZero, y los expertos consultados advierten de un caldo de cultivo peligroso debido al entorno de subidas de tipos y de los costes energéticos por la guerra de Irán. El sector ha disparado sus cifras de inversión en España en los últimos tiempos con compras por más de 43.000 millones de euros entre 2020 y 2025. La mayor parte de las inversiones ha tenido un final feliz, aunque también ha habido fiascos llamativos, como los mencionados. El riesgo está en que el entorno macroeconómico haga saltar las costuras de empresas con la deuda al cuello.Los tipos de la deuda a 10 años en Europa se disparan unos 50 puntos básicos desde el estallido de la guerra de Irán, mientras los precios del gas y del petróleo escalan un 50%. El deterioro macroeconómico se combina con un entorno inflacionista que reclama subidas del precio del dinero tanto en Europa como en Estados Unidos. Y a esto se suma el recalentamiento del sector del private equity. Entre los síntomas de alerta, destacan la tendencia a mantener las empresas en los fondos más tiempo del previsto –en España, más de 5,6 años, la segunda cifra más alta de la serie histórica–, el cada vez más habitual reparto de beneficios a través de un dividendo pagado a base de más deuda (dividend recap, en el argot) y la tendencia a revender las firmas a otros vehículos de la misma gestora.Bieito Ledo, socio responsable de Private Equity de Roland Berger en Iberia, advierte de que no hay que esperar para notar los efectos de esta coyuntura. “Ya está impactando, y lo peor aún no ha llegado”, asegura. “Las empresas industriales dependientes del gas lo sufren primero, el consumo lo siente en cascada y las de servicios creen que se libran, hasta que la ola las alcanza”, resume. CVC, dueño del fabricante de encimeras de cocina Neolith, está negociando una refinanciación de la compañía con el fondo británico de deuda Pemberton y otros acreedores, como Banca March, el BBVA, el Sabadell, el Santander y CaixaBank. El peligro de que otras empresas se vean afectadas crece cada día a medida que se endurecen las condiciones de financiación. Un directivo del sector del private equity que pide anonimato señala que la tensión geopolítica añade incertidumbre, pero el verdadero impacto viene de un entorno financiero que ya era más exigente. “Las compañías con balances más tensionados son las más expuestas, porque el aumento del coste de la deuda afecta directamente a la caja y obliga a extremar la disciplina financiera”, afirma. Este experto añade que las operaciones cerradas en la etapa de la Covid-19 se estructuraron con deuda a tipos cercanos al 4%, y ahora ese pasivo tiene que refinanciarse con costes duplicados, con intereses del 7% al 9%. “Eso encarece de forma significativa la estructura financiera, reduce la caja disponible y presiona la rentabilidad de la inversión”, explica. El socio de Roland Berger, por su parte, es tajante: “No es un shock puntual. Es un nuevo cambio de régimen, y exige una gestión de quirófano: control de pulso permanente y mejora de constantes vitales, una a una, sin anestesia”, sentencia. Un ejemplo de tormenta perfecta es Pronovias. Bain Capital y MV Credit, los principales acreedores, se quedaron con la compañía, después de que la gestora británica BC Partners les entregara las llaves. El caso de la compañía catalana, que Alberto Palatchi vendió en 2017 a la firma de private equity con sede en Londres, es un buen ejemplo de problemas provocados por múltiples factores. La pandemia y la cancelación de bodas le pasaron por encima, pero la compañía se había adentrado previamente en una espiral de expansión y de alianzas de diseñadores que no ayudaron en una situación de estrés. Después de cuatro años en manos de los acreedores, el comprador más probable de Pronovias es Cap Capital, después de que la compañía haya informado de que su asesor FTI así lo haya recomendado. La cadena de hamburgueserías Goiko, por su parte, ha pasado a estar controlada por Capza, la gestora francesa de deuda privada que financió la compra en 2018 a L. Catterton, fondo del conglomerado de lujo LVMH, propietario de Louis Vuitton. En este caso, las fuentes financieras consultadas indican que la marcha de la compañía ha sido positiva desde la adquisición, si bien las expectativas eran muy elevadas y la adquisición se efectuó en el bum del furor por comprar establecimientos de restauración. Francisco Hidalgo-Barquero, socio de la boutique de fusiones y adquisiciones Albia-IMAP, aclara que el hecho de que los fondos ejecuten una conversión de deuda por capital, como en este caso, no significa que las compañías no vayan bien. Amara NZero, propiedad del gigante británico del private equity Cinven, es otra empresa en la que la situación ha ido complicándose por múltiples factores. La antigua filial de Iberdrola que el fondo compró a Proa Capital en 2023 se ha enfrentado a una desaceleración del sector renovable. Y a inicios de año Cinven asegura que llegó a un acuerdo con los bancos y los titulares de bonos para una recapitalización integral del grupo, que incluía la retirada de los 265 millones de euros en bonos y la inyección de 40 millones de euros de caja. Los dueños de los bonos se preparan ahora para tomar parte del capital de la compañía. El directivo de Roland Berger afirma que un pasivo superior al que puede aguantar el balance es un posible detonante, pero no el único. “La deuda no crea fragilidad, la revela. Los problemas surgen de una tormenta perfecta: demanda que frena, costes que escalan y una tesis de inversión que nunca se validó en profundidad. El impacto varía según el modelo de negocio, pero el patrón se repite: estructuras de deuda diseñadas para un entorno que dejó de existir”, asegura.