Aranceles, inflación, riesgo de recesión y ataques a la Reserva Federal marcaron un primer semestre que erosionó la confianza que muchos inversores habían depositado en la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. Los bandazos del republicano subrayaron, para no pocos gestores, la importancia de una estrategia activa y de seguir el mercado con lupa. El conocido lema de que las rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras estuvo más vigente que nunca, y las sociedades de inversión colectiva de capital variable (sicavs) —vehículos de inversión tradicionalmente empleados por las grandes fortunas, cuyo empleo ha bajado en los últimos años— lo comprobaron en primera persona.
Ni las grandes tecnológicas, ni Inditex, ni el sector farmacéutico sirvieron esta vez para que los grandes nombres del sector, como Morinvest o Gesprisa, batieran al Ibex 35 o, en algunos casos, evitaran pérdidas. Mientras el selectivo español firmó su mejor primer semestre en 27 años, con un avance del 20,7%, la mayoría de las sicavs quedaron por debajo del índice. Entre los vehículos que batieron a la referencia española (entre los mejores índices del mundo este año), figuran sociedades de tamaño reducido como Democratic Capital (35,8%) o Jureba Inversiones (26,37%).







