Todo el mundo en Andalucía habla del deterioro de la sanidad pública, aunque pocos piensan que el domingo vaya a cambiar el gobierno que la gestiona. Ese contraste, sustentado en los unánimes augurios de las encuestas sobre la victoria del PP, ha marcado la campaña electoral que termina y que ha sido atravesada por el escándalo de los cribados de cáncer de mama. Un torpedo en la línea de flotación de la imagen de buen gestor que autopromociona Juanma Moreno y que pone en peligro la reválida de su mayoría absoluta.
Frente a un PSOE de brazos caídos por el poco tirón de la candidatura de María Jesús Montero y un Vox en crecimiento contenido, los últimos sondeos internos de los partidos detectan la posibilidad de un movimiento en la izquierda que tenga impacto real en el veredicto de las urnas. Lo que apuntan esos 'trackings' que manejan los equipos de campaña es que el malestar por el caos sanitario, que lleva entre otras cosas a que un paciente de Jaén espere 900 días una cita médica o a que hombres andaluces reciban citas para pruebas de cuello de útero, podría canalizarse en forma de voto protesta a una candidatura de Adelante Andalucía en claro ascenso. Y que, por eso, la papeleta de José Ignacio García estaría en disposición de competir al PP los últimos parlamentarios a repartir hasta en seis de las ocho provincias andaluzas, un factor que podría resultar determinante para la pérdida de la mayoría absoluta.













