Actualizado S�bado,

mayo

02:02En el �lbum de fotograf�as de Consorcio, el grupo conservero c�ntabro, hay muchas cosas que han cambiado. Pero un par de ellas siguen como hace m�s de 75 a�os.La primera, la familia detr�s de la compa��a. En 1950 la fund� Giacomo Croce, un italiano que lleg� a la costa c�ntabra como sus paisanos salatori italianos, que echaron en el Cant�brico y legaron la t�cnica artesanal de salaz�n a la zona.Hoy, la empresa la dirige su nieta, Valeria Piaggio, tercera generaci�n de la conservera m�s potente de la zona con marcado car�cter internacional. Cada a�o elaboran millones de latas y botes que distribuyen a 42 pa�ses de cuatro continentes.La segunda cosa inmutable es la presencia de mujeres en el punto clave de la cadena de producci�n: el fileteado, o sobado, del bocarte.Sobadora de la f�brica de Santo�a en la actualidad.Una de esas mujeres es Mar Villasante, que sale en muchas de esas im�genes: lleva desde los 25 a�os en el oficio, la mayor�a en la f�brica de Consorcio en Santo�a.Esta santanderina de 61 a�os recuerda perfectamente su primer d�a de trabajo en una f�brica de la localidad c�ntabra de Laredo. Y eso que ha pasado mucho tiempo desde aquella primera vez que se puso delante del bocarte con una tijera, una malla y un cuchillo como �nicas herramientas. "Era una opci�n de trabajo y me gust�, tampoco hab�a mucho m�s all� de la hosteler�a", recuerda.Al contrario que otras sobadoras de la regi�n, Mar no ven�a de familia de fileteras, aunque s� ten�a conocidas en el oficio. "No sab�a nada y estaba muy nerviosa", rememora. "Me pusieron al lado de una compa�era con muchos a�os", contin�a mientras tira del hilo de la memoria.Esos nervios se disiparon gracias a la destreza de un trabajo en el que la pericia con las manos es petr�leo. "Enseguida se me dio bien", asume. Tanto, que lleva convirtiendo el bocarte en lo que denominan el "jam�n del mar" 35 a�os ininterrumpidamente.La clave para ser una buena filetera es la paciencia. �Es lo que m�s cuesta�, reconoce Mar con un hablar pausado y tranquilo. El pescado tiene que estar perfectamente limpio antes de pasar a la lata, al octavillo, al frasco o a la rueda. Y eso se consigue con tiempo, mucha pr�ctica y pericia. Ahorrar unos segundos puede suponer arruinar un filete. "La constancia nos permite conseguir la habilidad necesaria; es como montar en bici, nunca se olvida", afirma.El paso de los a�os ha permitido a Mar distinguir un bocarte de otro. "Por la vista y el tacto puedo saber de d�nde es", afirma, Su favorito es el del Cant�brico, que "tiene buen punto de maduraci�n y un tama�o medio. De sabor �nico", resume. Un pescado que supervisa Aldo Brambilla, responsable de compra, cuyo ojo (y whatsApp) es clave para encontrar el mejor. Su padre y abuelo tambi�n trabajaron en la compa��a.De las manos de Mar, y de la decena de sobadoras de la empresa, salen cada d�a varios kilos de este bocado. Una tarea que rotan en funci�n del formato que tengan que elaborar. "Yo no tengo predilecci�n por ninguno", confiesa.Envasado de las anchoas en la f�brica de Grupo Consorcio.Desde aquellos primeros a�os el trabajo ha cambiado mucho a pesar de que la gente cree que es como antes. "Empec� en un f�brica sin calefacci�n y con mucho fr�o", rememora. Hoy, todo est� a un mundo de distancia: instalaciones, utensilios y condiciones. Lo que s� permanece inmutable es la finura de su trabajo artesanal, algo que no puede replicar ninguna m�quina."Es un trabajo que tiene futuro, todas las f�bricas buscan fileteras", asegura. Y m�s desde que la mano de obra va jubil�ndose y el relevo, aunque existe, es cada vez m�s escaso.En la f�brica, un par de compa�eras se acaban de jubilar y en pocos meses lo har�n m�s. Con la edad, las manos ya empiezan a dar avisos. "Me duelen un poco", dice, pero de momento "aguanto". Ella amanece todos los d�as a las 4.45 h. para entrar a trabajar a las 6. �Son muchas horas sentada�, afirma. Un trabajo que procura compaginar con "ejercicio por la tarde" y el cuidado de su madre.Las trabajadoras en el pasado.Mar sigue yendo contenta a trabajar y se debate entre las ganas de descansar y las de seguir asistiendo a un puesto que la ha convertido en una de las sobadoras m�s veteranas de un oficio �nico e insustituible. "Pasa el tiempo volando y no te das cuenta", asegura.