Desde mitad del siglo pasado, en las instalaciones de Villaviciosa (Asturias), se elabora una pequeña selección de confitería para estas fiestas, que contrasta con los 12 millones de botellas de sidra que la firma vende al año
Todo cambió en el llagar de Villaviciosa (Asturias), donde se elabora la popular sidra El Gaitero, cuando a mediados de los años cincuenta apareció por allí Daniel Colomina, maestro turronero de Jijona. Su llegada no tuvo inicialmente que ver con el turrón, pero para entender esta historia de dulces hay que retroceder un poco. Valle, Ballina y Fernández, fundada en 1890 y dedicada a la elaboración de sidra, siempre tuvo en la manzana el eje de su actividad.
A mediados del siglo pasado, coincidiendo con el relanzamiento de la marca El Gaitero impulsado por su propietario, José Cardín, la empresa comenzó a diversificar con otros productos derivados de la manzana, como dulces, mermeladas o gelatinas. Lo recuerda María Cardín, quinta generación de la familia al frente del negocio y directora comercial y de marketing de la firma: “Para elaborar estos dulces venía un pastelero catalán. Cuando se marchó, llegó un artesano de Jijona, Daniel Colomina, que propuso hacer turrón como algo testimonial, pensado para pequeños compromisos. Empezamos poco a poco hasta llegar a lo que somos hoy”.






