La empresa elabora este producto desde hace más de 150 años en Cipérez, un pueblo de la provincia de Salamanca. Desde aquí han mantenido sus raíces y se han expandido a supermercados y restaurantes de alta gama

Llevan al pueblo por bandera y un orgullo rural que prevalece sobre su propia firma. En sus productos, el nombre de Cipérez aparece en grande y se traslada, literalmente, al paladar de sus clientes. Desde allí se adhiere a las papilas gustativas y al cerebro de quienes lo degluten pellizco a pellizco. Quizás así, en algún momento, este crujido les inocule el espíritu de una localidad salmantina que apenas supera los 200 habitantes. Y que, desde hace más de 160 años, cuenta entre sus negocios con ...

Pan de Ángel, una de las empresas de este alimento más antiguas del país.

“Somos la cuarta generación”, comenta Fabián Martín, el actual encargado, de 57 años. Bisnieto del fundador, Gaspar, enseña la fábrica de estos dulces típicos con un milímetro de grosor y 23 de diámetro. El espacio consta de una estancia en la que se almacenan los miles de kilos de sus ingredientes, otra donde se mezclan en el denominado “batido” y una tercera, la principal, donde se elaboran en la draga o carrusel. Todo está mecanizado, con una tecnología del siglo XXI, aunque el origen sea de 1857. “Mi padre hacía 60 a la hora. Ahora salen 3.000”, indica.