Pinturas, fotografías y archivos históricos documentan una larga historia de democratización gastronómica y de convivencia entre tradición e innovación

Ateridos por el frío y por el gélido ambiente que se vislumbra al fondo de la escena, colarse en esta cocina del siglo XVII pintada por Francisco Barrera (Invierno, 1638) reconforta la mirada y el ánimo. Nos dirigimos, casi por instinto, a calentarnos las manos junto a ese señor que, como el año, ha comenzado su inexorable declive. Pero su mirada perdida nos confirma que él no es el protagonista. Si levantamos la vista de nuestras manos, que ya ...

han comenzado a entrar en calor, nos sorprendemos rodeados de alimentos que, como en un torbellino de diagonales, parecen revolotear a nuestro alrededor. Y cuando por fin fijamos la mirada (pavos, besugo y naranjas, turrón y frutas escarchadas) entendemos que hemos llegado justo a tiempo para preparar un menú de Navidad.

Con la imagen de Barrera, podríamos concluir que en la España del siglo XVII comían lo mismo que nosotros por estas fechas. Sin embargo, cometeríamos un error. Lo que muestra Barrera no es el menú típico de cualquier casa, sino el que podía permitirse un grupo social muy limitado.