Si explic�semos a un ni�o qu� es lo nuclear en una traici�n, dir�amos que all� habitan un mentiroso y una v�ctima. Que el primero tiene la culpa y la segunda, no. Que el primero debe arrastrar la verg�enza por sus hechos y la segunda, no. Y que, moralinas aparte, "no dir�s falso testimonio ni mentir�s" es hasta un mandamiento, ah� es nada. Aplicar esta m�xima a todas las dobleces de la vida ser�a demasiado simplista porque en una infidelidad, por ejemplo, las fronteras no son tan n�tidas, ni los culpables ni los abochornados (ya se sabe que cada pareja es un mundo y si pas� lo que pas� por algo ser�a...).
Tirando del hilo de famos�simas cornudas que se han conocido los �ltimos a�os, hoy nos preguntamos qui�n debe cargar con el sonrojo de un enga�o y si es posible llevar el desaire no s�lo con decoro sino con pundonor. Es decir, si se puede simplificar el relato, casi como si se lo explic�semos a un ni�o. Probemos.El 2023 arranc� calentito en la cr�nica social gracias a una canci�n de Shakira. Music Sessions, Vol. 53, producido por Bizarrap, fue pre�mbulo del disco Las mujeres ya no lloran (2024) y supuso un colosal ajuste de cuentas por la infidelidad de su expareja, el conocido jugador de f�tbol Gerard Piqu�. La historia que �l reprodujo est� escrita mil veces y es antigua como el universo: un hombre enga�a a su mujer con otra m�s joven y lo pillan. En esto del amor y las relaciones dos m�s dos no siempre son cuatro y, por eso, a veces las traiciones acaban en ruptura y otras veces, no. Esta fue de las primeras. Y sonada.Si no quer�a caldo, aqu� tiene dos tazasLa canci�n, una revancha en toda regla, dividi� opiniones: para unos, Shakira baj� al barro de la ordinariez y exhibi� su rencor arrabalero; otros lo interpretaron como un golpe de melena que la elev� para siempre al olimpo de las diosas. La colombiana, lejos de callar y esconder su cornamenta, la aire� y transform� el ultraje en munici�n, s�, pero tambi�n en material para reconstruirse lejos del victimismo. Ofreci� una imagen poderosa y rotunda, sin sutilidades ni elegancia. Cant� a tope de despecho e inici� una gira mundial con Las mujeres ya no lloran de la que va a despedirse este 2026 en Espa�a (�casualidad?) con uno de los eventos musicales del a�o: una residencia art�stica en Madrid prevista para oto�o que incluye, nada menos, hasta la construcci�n de un estadio con su nombre. Si alguno no quer�a caldo, aqu� tiene dos tazas.No sabemos si Shakira sinti� verg�enza, pero en sus actos no ha habido atisbo de ella. Tampoco unos a�os antes la manifest� la cantante Beyonc�, que respondi� a la infidelidad de su marido, el rapero Jay-Z, con el disco Lemonade (2016). Aunque no fue una venganza como la de la latina, con ese LP hizo p�blico el enga�o, mostr� rabia, dolor y dignidad, pilares previos al perd�n y a la reconstrucci�n de la pareja, que a�n hoy sobrevive.Ambas actitudes, aunque diferentes entre s�, distan de las reacciones de otras mujeres, m�s gobernadas por la discreci�n y el equilibrio, al menos en apariencia. Algo as� como lavar en casa los trapos sucios, pero de puertas para afuera, chit�n. Eso hizo, por ejemplo, Hilary Clinton cuando era primera dama de EEUU y Bill, su marido, tuvo un affaire con la que era su becaria, Monica Lewinsky. Corr�a 1998. O la actriz Uma Thurman, a quien se rumore� que el tambi�n actor Ethan Hawke fue infiel con su ni�era a comienzos de los 2000. La primera no se divorci�, la segunda, s�, pero lo que las dos trasladaron con los cuernos en caliente fue silencio y una gran contenci�n emocional.Nombrar el da�oEmma Trilles es psic�loga y acaba de publicar Ant�doto contra la infidelidad (Plataforma Editorial). Sostiene: "Lo que hicieron Shakira y Beyonc� tiene un valor enorme porque nombraron el da�o. Es el primer paso para que el enga�ado deje de ser v�ctima en soledad y empezar a construir desde ah�. Ellas les dieron permiso a otras mujeres para no proteger a sus maridos con el silencio". Trilles insiste en que hablar en voz alta suma m�s que resta aunque, socialmente, siguen existiendo estigmas como losas: "Se espera que una mujer resista su dolor con elegancia y discreci�n, porque los hombres son as� y se les permiten esas conductas. En cambio, si habla, se la tacha de vengativa y amargada. Hay que reescribir ese relato".Los ejemplos citados tienen el agravante de la esfera p�blica. No es igual que se destape una infidelidad entre las cuatro paredes de una casa que ante millones de personas. Pero, ojo con los pueblos peque�os. "En entornos reducidos, que se sepa es lo peor que te puede pasar. Por eso lo habitual es call�rselo. De hecho, muchas mujeres est�n dispuestas a perdonar, pero si se sabe, se sienten obligadas a divorciarse por el qu� dir�n. Esa verg�enza ha sido la protecci�n de muchos hombres y el silencio, el mayor c�mplice de la infidelidad masculina. Muchos piensan que no los van a pillar y si pasa, cuentan con que sus mujeres se lo callar�n", dice tajante la psic�loga.Sobre el poder de la verg�enza, especialmente en las mujeres, han escrito muchos investigadores. Clara Fischer, de la Universidad Queen's de Belfast, public� el art�culo G�nero y la pol�tica de la verg�enza (Hypatia, 2018), en el que sostiene c�mo esta emoci�n se ha empleado para regular el comportamiento humano, con un efecto, incluso, disciplinario. Para Fischer, es necesario abordar su influencia desde una perspectiva feminista, porque la verg�enza social afecta de un modo desproporcionado a las mujeres y refuerza las estructuras socioculturales que fomentan la desigualdad. Por eso, insiste en que un reto de la teor�a feminista en este siglo XXI es resignificar la verg�enza, resistirla y transformarla en una fuente de empoderamiento. Muy al Shakira style.Clara (nombre ficticio) es CEO y fundadora de una firma beauty. Ahora, con 50 a�os y una vida personal y profesional plenas, puede decir que ha colocado los hechos y las emociones en su lugar, aunque el proceso dur� a�os. Con una beb� de 11 meses y otra en camino, su marido quiso mudarse a otro piso "para pensar". "Nuestro matrimonio iba muy bien, tambi�n en la vida �ntima. Ten�amos bastante rocanrol. Yo ten�a 38 a�os y �l 40. Pens� que ser�a la t�pica crisis de la edad, no sospechaba nada, pero mis amigos me insistieron para contratar un detective. A las dos horas de iniciar el servicio, ya ten�a fotos. Estaba con otra. Ese mismo d�a met� sus cosas en una maleta y la dej� en el jard�n", recuerda. Ha pasado m�s de una d�cada de aquello y reconoce que no le guarda rencor y que es un buen padre para sus hijas, aunque al mismo tiempo tiene claro que quien m�s perdi� fue �l: "Rehice mi vida y profesionalmente me ha ido incre�ble. Soy feliz. A �l se lo di todo, pas� por alto que no trabajase, por ejemplo, pero mi l�nea roja es la confianza y por ah� no paso. Tuvimos contacto durante el embarazo. Pas� much�simo miedo y di a luz m�s delgada que antes, porque fue dur�simo. En el paritorio me pidi� volver y me tir� la ca�a veladamente durante dos a�os, pero alguien que miente y no se enfrenta a lo que ha hecho no tiene valores. Lo vi cobarde, rid�culo...", contin�a. Con el tiempo fue recuperando su autoestima, pero nunca experiment� verg�enza. Si prefiere ocultar su identidad en este reportaje es por proteger a sus hijas, no por ella misma. "S� me sent� peque�a. Pens� que hab�a sido mala mujer o mala amante", dice.La psic�loga Paula Orell habla sobre estos y otros asuntos en su libro Qui�rete bonito (Alfaguara, 2026) y explica qu� lugar ocupa la culpa en una infidelidad: "T�, que eres la v�ctima, empiezas a pensar qu� has hecho o dejado de hacer para que tu pareja te sea infiel, qu� le ha faltado de ti para buscarlo fuera. Es un pensamiento machista que se fundamenta en que la mujer tiene que satisfacer a su pareja. Pero la infidelidad no habla de quien la sufre sino de quien la comete y no es una consecuencia de los actos de la v�ctima". Clara lleg� a esa misma conclusi�n: "�l no me fue infiel a m�, sino que es una persona infiel. Los enga�ados no tenemos la culpa, porque son los otros quienes han decidido hacerlo. No somos responsables de nada. El problema es suyo".Orell tambi�n apunta a la omnipresente verg�enza: "Se coloca en el asiento equivocado. Una mujer enga�ada se siente insuficiente y cree que los dem�s tambi�n la ver�n as�. Por eso muchas tapan la traici�n, aparentando que no ha pasado nada. Pero eso hace mucho m�s da�o a�n".Ante una infidelidad, autocuidadoUna vez encajado el golpe ("con m�s o menos elegancia, eso da igual"), esta psic�loga se�ala cu�l debe ser la pista de salida, es decir, el camino de la reconstrucci�n: "Lo que m�s necesitamos no es ir corriendo a consolarlos a ellos, sino cuidarnos: escribiendo una canci�n y que se entere todo el mundo de nuestro dolor, habl�ndolo con una amiga y calent�ndole la cabeza durante dos meses o apunt�ndonos al gimnasio de una vez por todas. Cada una tiene que encontrar su propia manera de hacerlo e ir a terapia en esos momentos puede ayudarte a buscar el camino".Insiste en que no importa ni c�mo ni cu�l sea la reacci�n de la v�ctima y a�ade en este escenario el concepto de autocompasi�n: "Tenemos que entender que lo hacemos como podemos y as� est� bien. Es habitual actuar desde la rabia y a lo mejor la liamos, pero hay que perdonarse esta etapa en momentos de devastaci�n. A veces necesitamos hacer cosas para sanar que no har�amos si no estuvi�semos tan conectadas a la tristeza, pero nos son necesarias para pasar p�gina. Debemos darnos permiso para ponernos en nuestro lugar; despu�s ya tomaremos otras decisiones desde la serenidad...", recomienda.Cuando el dolor se va deshaciendo, afirma, es momento para ir recuperando la autoestima, esa que el infiel "revent�" con el enga�o.









