Las élites siguen confiando en que la exposición de la hipocresía es un arma universal, sin ver que el otro bando ha abandonado cualquier pretensión moral y es inmune

El cinismo autoritario triunfa porque la hipocresía liberal vació las palabras antes de abandonarlas. Durante años, las democracias que se proclamaban feministas, garantistas o ejemplares conservaron el vocabulario de los valores mientras vaciaban su contenido. En ese hueco floreció un autoritarismo sin máscara que hoy exhibe su cinismo como si fuera una forma de sinceridad. Y es en ese contexto donde estalla ahora el #MeToo del PSOE: la ruptura pública de un pacto de silencio que deja al partido expuesto justo en aquello que decía encarnar. Cuando Zohran Mamdani y Donald Trump hablan en el Despacho Oval y Trump dice “puedes llamarme fascista, no pasa nada”, está exhibiendo exactamente eso: la irrelevancia de la categoría moral como restricción. Cuando Elon Musk pide abolir la UE tras una multa y responde “pretty much” a un meme que muestra la bandera europea convertida en esvástica, está operando en el mismo registro: la provocación sin coste, la exhibición de lo que antes se ocultaba. Solo el polaco Radoslaw Sikorski se atrevió a nombrarlo: “Vete a Marte. Allí no hay censura para los saludos nazis”. Esa respuesta es quizás lo más digno que ha producido Europa en esta crisis. Pero es excepcional precisamente porque nombra lo que otros evitan nombrar.