Cómo se elabora y dónde comprar esta elaboración tradicional que forma parte de la historia y saberes de los habitantes de Huesca
El empanadico (empanadón, si vas a la zona de la Franja, o pastillo si estás en Barbastro) es uno de esos obsequios por los que viajeros y visitantes que suben o bajan del Pirineo se desvían de la vía principal. Un dulce tradicional que pasó de las casas a las panaderías y, aunque todavía muchas familias tienen la costumbre de hacerlo en época navideña, casi toda la producción queda en manos de los hornos que lo siguen preparando durante todo el año.
Como el pan y otros dulces, el empanadico era una elaboración que se preparaba en el hogar. Eran habitualmente labriegas, las mujeres que tenían huerta, las que preparaban la masa, montaban el relleno y llevaban sus obras a que las hornearan en la panadería. La calabaza aguanta a la perfección varios meses después de ser recogida. El invierno oscense iba muy en serio, así que los corrales y patios eran la cámara refrigeradora perfecta, y aunque su presencia fuese obligatoria en la cena de Nochebuena, era habitual que se preparase para comidas en familia durante el tiempo que durase la temporada de calabaza. “La calabaza se cultivaba en el otoño y, a mitad de diciembre, se recolectaban y guardaban para después. Otros las cultivaban mas tardías y podían disfrutar de hacer algún empanadón hasta los meses de febrero o marzo, según aguantaran las calabazas”, dicen Román y Ramona, quienes estuvieron a cargo de la panadería de Grañén, en los Monegros.






