En los últimos tres años han cerrado en tierras vallisoletanas una treintena de hornos rurales: entre el 20 y el 25% del total. En Galicia el panorama es parecido. En toda España, según la patronal del sector, cierran casi dos hornos de pueblo al día

Gustavo no usa manga pastelera. Vierte la masa de las magdalenas en los moldes con una cuchara sopera, como hicieran antes su padre y su abuela, en la Panadería Magdaleno de Castroverde de Campos, que durante 80 años ha provisto de pan y bollos artesanos a este pueblo zamorano de 240 habitantes y a muchas de las localidades vecinas. Cierra por jubilación. ...

Su adiós se suma al del Horno de San Pedro, en San Pedro de Ceque, que al bajar la persiana definitivamente deja sin su pan a todos los pueblos de la comarca de Tera y Vidriales; al de la panadería de Primitivo y Margarita en Uña de Quintana, que desde 1934 llevaba hogazas recién hechas a los vecinos de Uña y alrededores; y al de la tahona “de Julián”, de El Puente de Sanabria, hace ya cinco años.

A Jesús García le encanta su oficio, pero tiene que cerrar. Hace dos años se apagó para siempre el horno de la panadería en la que aprendió a madrugar y a amasar de niño, junto a su abuelo, en Gallegos de Hornija, una pequeña localidad de poco más de 100 habitantes. En los últimos tres años han cerrado en tierras vallisoletanas una treintena de hornos rurales: entre el 20% y el 25% del total. En Galicia el panorama es parecido. En toda España, según la patronal del sector, cierran casi dos hornos de pueblo al día.