Producto típico de esta provincia y de otras de Castilla y León, este sencillo bizcocho es un protagonista perfecto para desayunos y meriendas en épocas de frío

Óscar Maldona no está contento. Cuando levanta la tapa del puchero y ve la cresta, chasquea la lengua. “Lo que interesa es que abra, que haga picos y quede más bonita, como si fuera una corona”, lamenta. Este repostero de 50 años es el experto en bollo maimón de la panadería Don Hornazo. Y hace esa afirmación después de mezclar los ingredientes con esmero, batirlos durante un tiempo cronometrado y esperar a que el horno termine el proceso. “No hagas caso, está buenísimo”, le anima Sarah García Valiente, su pareja y copropietaria del establecimiento,...

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junto a su hermano José Luis.

Ambos son conocedores del oficio desde pequeños por trasmisión familiar. Sus padres ya trabajaban en este local de Villarmayor, localidad situada a unos 30 kilómetros de Salamanca. Y ya elaboraban este postre típico de la provincia. “Es muy tradicional, antes se llevaba como un regalo a los novios que se casaban o al cura. Y los originales solo lo hacen las panaderías de los pueblos, aunque lo artesanal no se valore demasiado”, apunta esta profesional de 45 años, que lo recomienda como aliado perfecto en desayunos y meriendas de meses fríos. “Eso sí”, advierte, “¡chupa todo!”.