Los establecimientos de esta empresa familiar cerrarán a las cuatro de la tarde el último día de la semana para que sus empleados tengan más tiempo de descanso y conciliación
Julio Moreno, miembro de la tercera generación de la familia propietaria de Pastelería Mallorca, lleva en su carpeta un cuadrante, en formato A3, en el que aparecen los nombres de los empleados de cada una de las ocho tiendas que tienen en Madrid. Pero escuchándole hablar, no parece que le haga mucha falta esa especie de chuleta para conocerlos a casi todos. No en vano, lleva cuatro décadas en el negocio familiar, que ha ido adaptándose a cada época desde que abrió en 1931.
El próximo gran cambio ocurrirá este domingo, cuando las puertas de los establecimientos se cierren a las cuatro de la tarde, en lugar de permanecer abiertas hasta la noche. “Veíamos la necesidad de que nuestro equipo pudiera conciliar. Y había que tomar alguna medida que fuera un poco drástica. Que produjera un corte y que toda la plantilla pudiera descansar y conciliar con sus familias. En este momento, la realidad social nos animaba a tomar una decisión como esta. Nunca hemos tenido miedo a los cambios. Ni en los productos ni en la organización del trabajo”, explica Moreno. Junto a él, sentados en el establecimiento de la calle Serrano de Madrid, su sobrino Carlos Arévalo, director comercial de la empresa, apunta que las tiendas abren, desde el pasado lunes, media hora antes entre semana, para tratar de compensar las ventas que van a perder por cerrar parte del fin de semana.






