Se despide El Motores, único ultramarinos de San Pedro Manrique, en Soria

En julio cerró La Cueva de Pablo, y mis amigas y yo nos quedamos sin cuartel general madrileño. El último día nos reunimos para celebrar la jubilación de Pablo, recordar todas las veces que salimos de ese bar por la puerta de atrás y cruzar los dedos por el destino de un local tan deseable en Huertas. En diciembre bajó la persiana el Brieva de Logroño, garito de mi juventud, culpable de que Los Pecos, Camela y Nino Bravo ocupen en mi cerebro el espacio que podría estar dedicado, yo qué sé, a Dostoievski o a lo que cené ayer. La cuadrilla de esos años está más dispersa y no nos dio tiempo a despedirlo, pero escuchamos su playlist como homenaje. Este febrero cerrará Tipos Infames, que es bar y también librería, un lugar que amé desde la fiesta de inauguración que hicieron los dueños para sus amigos con el local aún en obras. Tengo motivos para ponerme melancólica y hablar de especulación y cambios demográficos, dúo fatal para los pequeños negocios y para mi psicogeografía, pero después recuerdo que en barrios como Arganzuela florecen las librerías y que en septiembre abrieron un bar cerca de casa que es mi nuevo punto de encuentro. Quizá no sea el mejor momento, pero nuestra necesidad de crear comunidades en cualquier sitio que no sea el trabajo o el hogar permanece intacta.