Cervantes escribió que su hidalgo comía el plato los sábados, pero no se sabe con seguridad en qué consistía. Después se llamó así a un revuelto con carnes de cerdo que hoy sigue siendo una delicia

Los duelos y quebrantos son uno de los grandes enigmas de la historia de la cocina española. Cervantes los cita en El Quijote como el plato que Alonso Quijano tomaba los sábados, pero sin dar detalles de su contenido, y no hay menciones que expliquen en qué consistía esta preparación ni en en recetarios ni en léxicos anteriores. Cuando hablan de duelos y quebrantos, los autores contemporáneos a Cervantes tampoco son muy claros sobre sus ingredientes más allá del huevo, por lo que no se sabe a ciencia cierta si Don Miguel estaba refiriéndose a una comida concreta o haciendo chufla con las penurias que pasaba su ingenioso hidalgo.

En cualquier caso, para el siglo XVIII ya se usaba esta denominación para un revuelto con diversos materiales cárnicos, típico de La Mancha. Hoy se prepara con chorizo, jamón, panceta, tocino y, con menor frecuencia, sesos, habitualmente en cazuela de barro. Nuestra versión opta por la frugalidad quijotesca al quedarse solo con dos ingredientes de origen porcino, abundancia de huevo y un cuajado respetuoso en la sartén para que el conjunto quede más cremoso.