En Consejo de Ministros ha aprobado este mes el Real Decreto por el que se reconocen los hórreos del norte de la Península Ibérica como Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial

Nadie queda impasible ante un hórreo. Son parte del paisaje y la memoria colectiva. “Orgullosos y nobles como un soñador austero” en los versos de González Prieto; refugio de Perucho en Los Pazos de Ulloa, de Emilia Pardo Bazán; bastión de la hidalguía gallega en Las Comedias Bárbaras, de Valle-Inclán o el hogar para

6-03-31/alvaro-cunqueiro-reclama-su-grandeza.html" data-link-track-dtm="">Álvaro Cunqueiro: “El maíz que duerme en los hórreos es promesa de pan y de historias contadas al calor del fuego”. Por eso, y mucho más, el Consejo de Ministros ha aprobado este mes el Real Decreto por el que se reconocen los hórreos del norte de la Península Ibérica —presentes en Galicia, Asturias, León, Cantabria, Navarra y País Vasco— como Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial.

La conservación de este elemento de la arquitectura popular ligada estrechamente a la historia de la alimentación conduce, sin embargo, a preguntas a veces incómodas como si son los hórreos simples vestigios del pasado, qué nuevos usos les permitirán sobrevivir al futuro o si comprenderemos su valor más allá de una inerte muestra etnográfica. La noticia de su reconocimiento viene a corroborar el buen trabajo que han hecho asociaciones y particulares en diferentes puntos del norte peninsular.