Los procesos judiciales con notoriedad pública, pese al enorme ruido que hacen, son sólo una gota de agua en el océano

​Con frecuencia, los que participamos en medios de comunicación nos referimos a casos que están en boca de todos por afectar a personas con cierta notoriedad. En mi caso, escribo sólo para hacer divulgación de mi materia, el Derecho Procesal, a fin de que, ilustrando la explicación con esos casos que interesan a la gente, los ciudadanos sepan mucho mejor cómo se celebran los procesos. De ese modo, si algún día deben acudir ante algún juez, habrá menos oportunidades de que pasen por los tribunales con la kafkiana sensación de no h...

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​Sin embargo, esos procesos con notoriedad pública, pese al enorme ruido que hacen, son sólo una gota de agua en el océano. Existen muchísimos otros procesos judiciales en los que se producen disfunciones, o se hacen clamorosas injusticias, derivadas de errores de bulto realmente imperdonables, como uno que acaba de corregir hace poco el Tribunal Constitucional. Se trataba de un proceso penal en el que una Audiencia Provincial declaró la nulidad de una sentencia absolutoria por la supuesta vulneración de un derecho que sólo perjudicaba, en su caso, al reo absuelto. ¿Qué sentido tenía corregir la vulneración de un derecho cuyo titular no reclamaba? Es tan sumamente absurdo que parece mentira que el caso haya tenido que llegar, nada menos, al Tribunal Constitucional para que un ciudadano honesto dejara por fin de sufrir durante años.