Esta sopa fría combina el producto lácteo con pepino, ajo, nueces, eneldo, sal, agua fría y aceite

Darwin lo hubiera probado. Cuentan que, en su travesía a bordo del Beagle, Charles Darwin echaba en la cazuela todo animal exótico que encontraba. Óscar López-Fonseca nos propone recorrer los fogones del mundo con experiencias culinarias que, seguro, el padre de la teoría de la evolución se hubiera aventurado a probar en aquel viaje.

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Con el calor empiezan a apetecer comidas ligeras, refrescantes y, a ser posible, que se preparen rápidamente y no haya que ponerse delante de los fogones. En España, uno de los mayores placeres es un buen vaso de gazpacho andaluz. En Bulgaria, sin embargo, es el tarator (таратор), cuyo ingrediente principal es el yogur. Ya, ya, ya sé que el recetario español tiene una relación un tanto esquiva con este producto lácteo, al que en demasiadas ocasiones relegamos al papel de postre o parte del desayuno, cuando no como triste dieta de los aquejados de problemas digestivos. Sin embargo, en otros países no muy lejanos, entre ellos este país balcánico, el yogur forma parte de las recetas de numerosos platos salados, incluido sopas.

El tarator es, precisamente, eso, una sopa fría a base de este producto lácteo que tiene también pepino, ajo, nueces trituradas, una pizca de eneldo, sal, agua fría y un chorrito de aceite de girasol, y que, además, se prepara en pocos minutos. Simplemente hay que mezclar todos los ingredientes y remover. Ojo, si alguien se anima hacerlo, que el yogur sea sin azúcar si no quiere cometer un delito de lesa gastronomía. Bien es cierto que es un plato típico del verano por resultar muy refrescante y estimular el apetito, pero uno puede encontrarla en las cartas de los restaurantes búlgaros en cualquier época del año. Tan integrada está en la gastronomía de este país, que se incluía en formato liofilizado en la dieta de los cosmonautas búlgaros cuando viajaban al espacio. Solo tenían que añadirle agua, según rememora en su libro Comunist gourmet la historiadora y escritora búlgara Albena Shkodrova.