El secreto de este plato tradicional del país asiático, cuyo principal ingrediente es el pescado, es el ‘kroeung’, una pasta elaborada con especias
Darwin lo hubiera probado. Cuentan que, en su travesía a bordo del Beagle, Charles Darwin echaba en la cazuela todo animal exótico que encontraba. Óscar López-Fonseca nos propone recorrer los fogones del mundo con experiencias culinarias que, seguro, el padre de la teoría de la evolución se hubiera aventurado a probar en aquel viaje.
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Cuando a uno le hablan de disfrutar de un plato imperial que durante siglos estuvo supuestamente solo al alcance de la nobleza, espera hacerlo en un restaurante de lujo y que se lo sirvan en vajilla de porcelana, con cubiertos de plata y en una mesa cubierta con un impoluto mantel blanco de lino acompañado de un buen vino. Sin embargo, mi primera experiencia con el amok trei, un plato tradicional camboyano cuyo origen algunos remontan a los palacios del imperio Khemer del siglo IX, no tuvo ninguno de esos elementos. Fue en este país del sudeste asiático, sí, pero en un local de suelo de tierra y techo de uralita con las paredes adornadas de carteles marchitos de bebidas refrescantes, sobre una mesa de plástico con mantel de hule, utilizando cubiertos más bien cutres y, eso sí, acompañado de una cerveza local bien fría. Por cierto, no me lo sirvieron en plato, sino en una hoja de plátano, el recipiente, junto al coco hueco, en el que tradicionalmente se ofrece esta delicia gastronómica. En contra de lo que pueda parecer, la experiencia mereció la pena.






