Darwin lo hubiera probado. Cuentan que, en su travesía a bordo del Beagle, Charles Darwin echaba en la cazuela todo animal exótico que encontraba. Óscar López-Fonseca nos propone recorrer los fogones del mundo con experiencias culinarias que, seguro, el padre de la teoría de la evolución se hubiera aventurado a probar en aquel viaje.
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Un par de aclaraciones antes de empezar. Ni he cometido una falta de ortografía en el titular al escribir fava con ‘v’ ni con este nombre me refiero a una exótica variedad de la archiconocida faba asturiana. Esta última es una apreciada judía seca de la especie Phaseolus vulgaris con Indicación Geográfica Protegida (IGP) en el Principado y la fava sobre la que escribo es un peculiar guisante seco que se obtiene de la de Lathyrus clymenum, una planta que crece a cerca de 3.000 kilómetros de distancia de España. En concreto, en la volcánica isla griega de Santorini, en el mar Egeo, donde la Unión Europea le ha concedido la protección de Denominación de Origen Protegida (DOP). Para terminar de constatar que son dos cosas muy diferentes, solo hace falta echar un vistazo a la forma y color de la fava. Esta no es blanca como la faba asturiana y ni siquiera es verde y redonda, como se podía llegar a pensar ya que se trata de un guisante, sino amarilla y con forma de disco, más parecida a una lenteja.







