Ahora que mandan los ‘like’, conviene recordar un tiempo en que las estrellas andaban obsesionadas por la opinión de los medios
Supongo que son los inconvenientes de haber visto demasiada televisión. No tiene demasiada lógica, pero ocurre así: cuando me encuentro en petit comité y la conversación deriva hacia la relación entre artistas y periodistas, me asalta un añejo estribillo de Torrebruno. Seguro que muchos lo recuerdan: “Tigres, leones, todos quieren ser los campeones”. ...
Ya sé que no hay una conexión directa, excepto la nebulosa sospecha de que, en ambos casos, las especies están condenadas a no entenderse. Y mejor no intentar buscar culpables. En sus relaciones interpersonales, las estrellas no tienen muchas oportunidades de profundizar en el prójimo: sencillamente, conocen a demasiadas personas.
El mismo trato con periodistas está codificado en encuentros rituales, unas entrevistas que se desarrollan alrededor de consignas que los representantes de la discográfica o el management insisten en machacarnos: “evita los asuntos delicados, céntrate en el último disco y en la próxima gira”.
¿Qué quieren que les diga? No recuerdo ningún artista que no me haya sugerido que el disco en cuestión sea otra cosa que el mejor/el más interesante/el más satisfactorio que ha hecho. Algo que el plumilla difícilmente puede discutir, al no haber tenido muchas oportunidades de escucharlo. Antes, el periodista disponía de la posibilidad de convivir semanas (o al menos días) con un adelanto de la novedad de turno. Ahora, con la obsesión por controlar redes y piratería, eso ya no parece posible.






