La lógica del espectáculo ha hecho que los combates sean la forma de comunicación favorita de los últimos tiempos. El fenómeno ha saltado de Internet a todos los ámbitos de la sociedad
De repente, todo parece organizarse en torno a conflictos. A los versus, usando el argot deportivo. Y cuando se dice todo, aunque pueda parecer exagerado, se habla de cultura, política y por supuesto nuestra vida digital. Da igual donde se ponga el ojo, que ahí espera otro evento bajo la lógica del enfrentamiento: RoRo vs. Abby, Bb Trickz vs. Métrika,
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a.html" data-link-track-dtm="">Trump vs. Zelenski, Drake vs. Kendrick, Miguel Adrover vs. Rosalía... o tú mismo versus ese que te ha llamado privilegiado en un hilo de comentarios en Instagram. En muchos de estos enfrentamientos no hay ni sangre ni contacto físico. A veces ni siquiera han sido activados por los propios protagonistas. El resultado tampoco importa demasiado.
Vaya por delante que la violencia ritualizada como espectáculo no es en absoluto nada nuevo: desde los gladiadores en el Coliseo hasta las justas medievales, las primeras veladas de lucha libre o boxeo profesional, la humanidad siempre ha necesitado presenciar combates para condensar tensiones sociales en escenarios controlados. La brutalidad ha ido descendiendo y hasta la propia técnica deportiva ha sido progresivamente desplazada por el puro espectáculo, como si nos hubiéramos quedado atrapados en una de las famosas previas en las que Muhammad Ali subía la temperatura y lanzaba provocaciones teatralizadas a sus contrincantes.






