La tecnología ha transformado la Tierra en un planeta de mirones, un mundanal salseo donde observar a los famosos. Es un paisaje lleno de vida y color, y también de aguas movedizas, donde podemos tropezar con santuarios de adoración del más exquisito e inane glamour y con ruidosos templos entregados a la mofa y al esperpento.
La serie Superstar de Netflix plantea la simpar historia de Tamara-Yurena, Paco Porras, Leonardo Dantés, Arlequín y Loli Álvarez, personas devenidas famosos-de-la-tele hasta transformarse en carnaza de platós. Estos días, en varias entrevistas, Yurena ha denunciado insultos y humillaciones, asegurando que, en aquella época, a ella y a su madre las llegaron a pegar por la calle.
En televisión, ya se sabe, realidad y ficción se confunden. “Yo diría que la mayoría de ellos sabía dónde se metía”, reflexiona por videoconferencia Carlos Areces, el actor que da vida a Paco Porras en la serie de Nacho Vigalondo. “Algunos, como Loli Álvarez, han confesado que se lo pasaron muy bien. Quizás no eran tan frágiles como Tamara, que en verdad buscaba promocionar su carrera como cantante”.
En todo caso, Tamara y compañía fueron famosos que aparecieron, explosionaron y desaparecieron. Como explica Areces, “la fama es, sobre todo, efímera. Al final todo se olvida. Incluso Beethoven acabará borrado del mapa cuando desaparezca este planeta”.






