La cultura de la nostalgia ha hecho que los productos culturales que nos entusiasmaron de jóvenes estén más de actualidad que nunca. Pero, ¿es una buena idea volver al lugar donde fuimos felices?

Es una paradoja de la que dependen millones de likes y de visualizaciones (y, por tanto, de dólares) en grandes plataformas virtuales como Youtube: la nostalgia no es algo inerte, sino que evoluciona y se presenta en formatos cada vez más innovadores y sorprendentes. De hecho, uno de los fenómenos musicales que más están creciendo en Youtube son las videorreacciones frente a clásicos del rock: alguien joven, normalmente “un productor musical de la generación Z”, escucha o finge escuchar por primera vez un éxito de los sesenta o setenta y, ante el despliegue de talento, gesticula, se lleva las manos a la cabeza y, en definitiva, flipa.

La industria de la nostalgia siempre logra dar otra vuelta de tuerca y, en este caso, desempolva catálogos como el de los Who, George Harrison o Fleetwood Mac (una banda muy reivindicada por artistas contemporáneos como Sabrina Carpenter o Harry Styles) para, en principio, difundirlos entre los jóvenes y probar suerte: de tanto en tanto, alguno de esos temas logra hacerse viral en TikTok.