La banalidad en el arte es uno de los males de nuestro tiempo y detectarlo es casi una obligación moral

Las imágenes que la gente cuelga en Instagram funcionan muy rápido, de un vistazo el usuario sabe si le gustan o no. Se trata de una cuestión de segundos. Según Metricool, una blog sobre redes sociales y marketing, un usuario de esta plataforma puede dar hasta 1000 likes al día....

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Existen más de 2000 millones de personas que usan este medio para mostrar su trabajo, muchos de ellos artistas, pero lo que sucede es que el arte es algo más profundo que una tostada de aguacate con toppings y merece un tiempo de observación que la vida moderna no concede.

Según Fernando Castro, crítico de arte y profesor de Estética en la Universidad Complutense: “Sufrimos y disfrutamos o, mejor, nos entretenemos (en un entremés que es pura charada) con naderías, en ese imperio del kitsch que tiene la (elogiable) virtud de desmantelar las jerarquías estéticas. Aunque la mayor parte de lo que se viraliza sea una completa idiotez, tampoco faltan (de cuando en cuando) cosas excitantes o desbarres que nos animan.” Aunque también añade: “Tal vez tenemos que escapar de un discurso apocalíptico sobre la cultura distraída porque (acaso) estemos, sin quererlo, contribuyendo a legitimar posiciones harto reaccionarias.”