Entre las fotos de un conocido recorriendo templos en el sudeste asiático, la rutina de belleza que recomienda la influencer de moda o la interesante historia que tiene entre manos un viejo compañero de clase, siempre se desliza al menos un anuncio al recorrer un muro de Instagram. Los anuncios en redes sociales asedian desde hace tiempo a los usuarios. No son simples interrupciones, pues forman parte de una estrategia de marketing digital cuidadosamente diseñada. Su objetivo es captar la atención, provocar una acción, conseguir una venta o al menos un clic que acerque un paso más al usuario hasta la marca que está detrás del anuncio.
Y puede que esos anuncios sean más de los que percibimos. Un grupo de científicos ha descubierto que la gente no los detecta tan bien como se creía. Y no, no es que las personas sean peores captando anuncios. Es que las plataformas han logrado que estos se integren mejor, según el nuevo estudio publicado por la revista Frontiers y liderado por la investigadora Maike Hübner. “Tengo sobrinos, y al observar cómo crecen los niños y adolescentes de hoy con un teléfono en la mano, noté lo temprano que están expuestos a noticias falsas y publicidad en las redes sociales. Esa fue la motivación principal del análisis”, cuenta Hübner, de la Universidad de Twente (Países Bajos).






