El controvertido sistema de “me invitas a algo y te saco en mis redes” se ha profesionalizado gracias a aplicaciones y agencias que gestionan qué se puede conseguir a cambio de cuántos ‘stories’

Pagar con stories y con reels ya es posible. Distintas apps han formalizado las colaboraciones entre marcas y creadores de contenidos. El tradicional menú, con sus respectivos precios, ha sido sustituido por una barra libre que permite disfrutar de un restaurante, un psicólogo, un entrenador personal, un hotel o multitud de productos a cambio de publicaciones en redes sociales. Los influencers, se podría decir, pagan con su influencia.

Esta extraña vuelta del trueque, que jubila el uso de cualquier divisa, tiene un funcionamiento simple a la vez que un absurdo potencial de dar envidia a quien no puede utilizarlo. Lo más difícil es ser aceptado: suele haber un mínimo de seguidores, y un filtro de tipo de contenido. Después, el usuario, en caso de estar de acuerdo con el precio estipulado en stories o reels, elige la experiencia o producto de la que quiere disfrutar. La marca tiene que aceptar la propuesta de colaboración. Superado este paso, el influencer se presenta en el restaurante y, al final del servicio, enseña la publicación. Normalmente, puede pedir lo que quiera.