Dos nuevas sentencias provocan un punto de inflexión en cómo la sociedad percibe la relación entre menores y algoritmos
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Los titulares suelen abusar de expresiones como “un antes y un después”, “histórico” o “pionero”. Pero esta semana sí hemos vivido algo así: dos tribunales han sentenciado contra Meta, sobre todo, y contra Youtube por su falta de protección a menores. Primero, en Nuevo México condenaron a Meta a pagar 375 millones de dólares por no evitar que menores vieran contenido explícito y les acosaran adultos. Este mismo martes, en España, la Policía anunció la detención de un groomer que había usado Instagram para acechar a docenas de menores.
Pero la sentencia más gorda es la segunda. En California, un jurado popular ha sentenciado que Meta y Google deben pagar 6 millones de dólares a una joven de 20 años por haber diseñado sus plataformas para mantenerla enganchada cuando era niña sin tener en cuenta su bienestar. La sentencia es histórica por dos motivos: hay miles de jóvenes esperando con un argumento similar en todo el país: “Las redes empeoraron mi salud mental”; y, además, culmina el runrún de años sobre las redes y los adolescentes.






