Los grupos coercitivos han sufrido un aumento exponencial gracias a las redes sociales. Ahora es más fácil y barato captar a un público mayor, alertan los expertos
Todo empieza frente a la pantalla, de la forma más inocente posible. Aceptando una solicitud de amistad en Facebook. Siguiendo a un influencer. Con la inscripción a un curso de técnicas de estudio, a uno sobre inversión y criptomonedas, entrando a
/01/08/social-media-are-helping-cults-to-recruit-and-control-members" data-link-track-dtm="">un minijuego de Roblox. Es la puerta de entrada a un laberinto de manipulación psicológica que puede acabar, en cuestión de meses, con el inocente internauta atrapado en sociedades sectarias modernas. Aislado, arruinado, en un secuestro mental y físico que ocurre —esto es lo peor de todo— de forma voluntaria. Internet ha transformado el funcionamiento de las sectas. Los predicadores callejeros son hoy influencers o coaches de vida. Los líderes mesiánicos que profetizaban el fin del mundo han pasado a hablar de criptomonedas, coches de lujo, burpees y crecimiento personal. Han cambiado las formas, pero el fondo sigue siendo igual de turbio.
“Las sectas tienen la capacidad de camuflarse, de adaptarse a las necesidades y a los valores culturales del momento”, explica Hortensia Valcárcel, psicóloga clínica especializada en grupos de persuasión coercitiva. La experta participó el mes pasado en el XI Encuentro Nacional sobre abuso psicológico y sectas, donde alertó de estas nuevas formas de captación online. “Sigue existiendo toda una vertiente más espiritual”, matiza. Estas serían las sectas clásicas, con su líder, su fin del mundo y su tramoya esotérica. Pero la sociedad moderna es más descreída y con ese cuento no se camela a todo el mundo. “A los jóvenes se les capta más con esta idea de éxito financiero, esa mentalidad de tiburón, especialmente a los chicos”, asegura Valcárcel.






