El infarto de miocardio ya no es sinónimo de muerte o incapacidad. El avance en las técnicas de intervención como los ‘stents’ o la tromboaspiración son claves, pero también lo es la rehabilitación cardiaca posterior, que reduce en un 30% la mortalidad tras sufrirlo

Dentro de las enfermedades cardiovasculares –la principal causa de muerte en España, con 120.000 fallecimientos al año, según datos del INE de 2023–, quizá sea el infarto de miocardio su expresión más aguda y conocida, la que más temor concita, pero también una de las que más innovación concentra. Durante décadas, la afección de esta parte del corazón –la compuesta por tejido muscular y responsable de las contracciones que permiten el bombeo de la sangre– ha sido sinónimo de muerte o de secuelas graves. Hoy, sin embargo, el pronóstico ha mejorado de forma notable por dos razones: los avances en los métodos de intervención y los cuidados posteriores para mejorar la vida del paciente. “Siempre hemos tenido un lema: tiempo es corazón”, resume José Tuñón, jefe del servicio de Cardiología del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz (Madrid). “Y para ganar corazón hay que intervenir cuanto antes y con la mayor efectividad posible”. En la importancia del después incide José Ángel Cabrera, jefe del servicio de Cardiología de los hospitales universitarios Quirónsalud Madrid y Ruber Juan Bravo (Madrid): “La rehabilitación cardiaca, en la que los estudios cada vez hacen más hincapié, salva y mejora muchas más vidas de las que creemos”.