El primer ministro y el alto funcionario de Exteriores fulminantemente cesado comparecerán en el Parlamento
Una semana para intentar sobrevivir como primer ministro. Keir Starmer comparecerá voluntariamente este lunes ante la Cámara de los Comunes para intentar explicar a los diputados —sobre todo, a los de su propio grupo laborista— el último escándalo en torno a Peter Mandelson, que ha acabado con el despido fulminante del secretar...
io permanente del Ministerio de Exteriores (el alto funcionario de mayor rango de ese departamento), Oliver “Olly” Robbins.
El primer ministro y antiguo abogado y fiscal de éxito tiene por delante el caso más endiablado de su vida. Starmer deberá demostrar que no fue un mentiroso y que no fue un inepto. Que en ningún momento fue informado de que el Departamento de Escrutinio de Seguridad del Reino Unido (UKSV, en sus siglas en inglés), el organismo independiente que examina exhaustivamente el historial personal de candidatos a un cargo público, había vetado la designación de Mandelson como embajador ante Estados Unidos, que aun así siguió adelante.
Que, por tanto, ni él ni sus ministros presionaron a Robbins, el único con capacidad para ignorar ese veto, para que siguiera adelante con el nombramiento. Que en ningún momento fue informado del veto del UKSV, y por tanto no mintió al Parlamento al asegurar que se había cumplido rigurosamente con el proceso de escrutinio en la designación como embajador del controvertido exministro laborista. Que si alguien tiene motivos por todo esto para estar furioso es él mismo, al que su equipo de altos funcionarios mantuvo en la sombra. Y finalmente, que no piensa dimitir.











