El primer ministro pide perdón a los ciudadanos por el escándalo, mientras un sector del grupo parlamentario reclama la cabeza de su jefe de Gabinete, Morgan McSweeney
El momento más vulnerable para un político puede ser la conquista repentina del poder. El primer ministro británico, el laborista Keir Starmer, y su jefe de Gabinete (entonces asesor estratégico), Morgan McSweeney, entraron en Downing Street en julio de 2024 sin la menor experiencia sobre los engranajes, las claves o el funcionamiento de...
l Gobierno y la Administración en su nivel más elevado. Y un personaje como Peter Mandelson, conocido como el “príncipe de las tinieblas” por su habilidad para maniobrar en la sombra, diputado durante 12 años, miembro de la Cámara de los Lores durante 18 y, sobre todo, actor fundamental en la construcción del Nuevo Laborismo de Tony Blair a finales de los años noventa, aprovechó la ocasión perfecta para volver a colarse por las rendijas en la sala de mando.
Toda la información surgida ahora sobre la íntima y está por ver si delictiva relación de Mandelson con el pederasta estadounidense Jeffrey Epstein se ha convertido en una enmienda a la totalidad sobre el buen o mal juicio de Starmer a la hora de designar a su equipo. El primer ministro británico se vio obligado a admitir el miércoles en la Cámara de los Comunes que fue advertido del continuo vínculo de Mandelson con el multimillonario —que ya había sido condenado y encarcelado por acosar sexualmente a una menor— cuando lo nombró embajador en Washington en febrero de 2025.
















