El dinero que se destina a estos productos para la jubilación puede descontarse de la base imponible del IRPF

La campaña del Impuesto de la Renta comenzó el miércoles. Los bancos, gestorías y asesores ya están informando a sus clientes de qué tipo de gastos se pueden contabilizar para reducir su factura fiscal. Pero hay una fórmula que todo el mundo puede aplicar: las aportaciones a planes de pensiones. A través de esta fórmula, se pueden ahorrar entre 285 euros y 675 euros con facilidad.

La clave es que el dinero que se mete en uno de estos vehículos de ahorro para la jubilación se puede reducir de la base imponible del IRPF. Ese dinero pasa a ser administrado por una gestora especializada, que lo invierte fundamentalmente en deuda pública, bonos de empresas y Bolsa, según el perfil de riesgo de cada cliente. Ese capital no se puede retirar hasta la jubilación, salvo algunos casos especiales.

En los planes de pensiones individuales, el tope de aportación y desgravación es de tan solo 1.500 euros anuales. Mientras tanto, en los planes de pensiones colectivos —aquellos que una empresa dota a favor de sus trabajadores— se puede llegar a los 8.500 euros.

La forma de operar de este mecanismo fiscal es sencilla. Si una persona tiene una base imponible de 32.000 euros y ha aportado 1.500 euros a un plan de pensiones, tan solo tendrá que pagar el Impuesto de la Renta por 30.500 euros de ingresos, al margen de mínimos personales y familiares, y otras reducciones o exenciones fiscales.