El país centroeuropeo, un preciado alfil de Trump y Putin en el corazón de la UE, celebra este domingo unas elecciones decisivas para el bloque comunitario

Hungría, un país de solo 9,7 millones de habitantes y decimoctava economía de la Unión Europea, se ha convertido en el campo de batalla de la guerra ideológica global. Este Estado de Europa central, que el nacionalpopulista Viktor Orbán ha erigido en modelo (pionero) de la democracia iliberal en el Viejo Continente, afronta este domingo unas elecciones legislativas decisivas...

que, según apuntan las encuestas, podrían desbancar al primer ministro del poder después de 16 años. Unos comicios determinantes para Hungría pero también para la UE —los más importantes del año entre los Veintisiete— y para Rusia y Estados Unidos.

El político nacionalpopulista, con sus ideales ultraconservadores, su discurso antiinmigración y su oposición a Ucrania, es un preciado alfil del Kremlin y del movimiento MAGA (Make America Great Again) en Europa. Y ni Vladímir Putin ni Donald Trump quieren perder esa baza. Ambos han desplegado sus herramientas para apoyarlo.

“La Hungría de Viktor Orbán parece ser un imán para aquellos líderes que desean desmantelar la UE”, reflexiona Karel Lanoo, director ejecutivo del centro de análisis CEPS, que cita también la visita del chino Xi Jinping, quien en 2024, durante su gira europea, hizo una parada clave en Hungría, un centro neurálgico para las inversiones del gigante asiático.