Su música, tan efectista y grandilocuente, regalaba, en un concierto en el Movistar Arena, momentos llenos de vida asociativa, como esa onda de alegría que llama a los otros a sumarse a la fiesta

El mismo día que Donald Trump, presidente de Estados Unidos, amenazó con aniquilar la civilización de Irán, Tame Impala desplegó su música como si fueran ondas especiales contra las amenazas, casi se podría decir que contra las diferencias. El sentido comunitario y colectivo que ofreció Kevin Parker, líder absoluto de este proyecto psicodélico masivo convertido en banda, pareció ofrecer un espacio acogedor y celebrativo en la noche del martes en Madrid. El mundo, ese lugar lleno de pirómanos, volvía arder, pero en el Movistar Arena Tame Impala regaló una noche de rock empático, repleto de luces y rayos, pirotecnia de primer nivel, que invitaba al goce y el recogimiento de unos y otros.

A las 20:15, aparecieron Parker y los suyos puntuales en el escenario circular del Movistar Arena y, sin preámbulos ni saludos, se lanzaron a interpretar ‘Apocalypse Dreams’, una composición que invitaba a pensar en los días que estamos viviendo. A partir de ahí, gracias a una escenografía impactante y canciones como ‘The Moment’ o ‘Gossip’, el grupo ejecutó todo un repertorio lleno de fuerza instrumental, en el que cada pasaje, cada minuto, estimulaba a olvidarse de todo, a dejar atrás el mundanal ruido y a los catastrofistas del planeta, aquéllos que buscan acabar con otros. Si bien es cierto que nunca hubo una sola proclamación política ni un solo mensaje solidario, la música de Tame Impala, tan efectista y grandilocuente, regalaba momentos llenos de vida asociativa, como esa onda de alegría que llama a los otros a sumarse a la fiesta. Un momento crucial en este sentido fue ‘Elephant’, canción arrasadora de Lonerism, disco que en 2012 destapó a una banda llamada a ser mayúscula.