El regreso a la Luna coincide con el momento más explosivo de este mundo en décadas. El mercado desprecia las amenazas genocidas de Trump, que espantan hasta a los suyos, pero celebra cualquier señal de desescalada en Oriente Próximo, por endeble que sea
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Se acababan de completar las seis misiones tripuladas a la Luna, entre los años 1969 y 1972, cuando Pink Floyd publicó uno de los discos emblemáticos de la historia del rock: The Dark Side of The Moon. Pero los cuatro músicos ingleses, capaces de crear atmósferas sonoras que pasarían por extraterrestres, no pensaban en cantar las proezas de la NASA, sino en hablar de la opresión, de la alienación y de los trastornos mentales. Un asunto este último que les atormentaba desde que expulsaron al fundador de la banda, Syd Barrett, nada más lanzar su primer álbum, porque su cabeza enferma no podía seguir el ritmo. Esto no era el Space Oddity de Bowie: la Luna solo sirve aquí de símbolo. “El lunático está en la hierba”, empieza el tema ‘Brain Damage’, que continúa: “El lunático está en el recibidor”, “El lunático está en mi cabeza”. Y termina: “Nos vemos en el lado oscuro de la Luna”. El lado oscuro no es lo mismo que la cara oculta, porque esta última es la iluminada cuando para nosotros hay luna nueva.









